lunes, 26 de marzo de 2018

Lo mejor de las resacas.

Me cogí un avión a tus brazos, sin meditarlo mucho.

Lo recuerdo perfectamente, porque aterrizó a las cuatro y diez y sonaba esa misma canción cuando recogí la maleta de la cinta. 

Había llegado la primavera, lloviendo y cortándome los labios. 

Mis ojos, grises de llorarte cien inviernos que se habían condensado en uno, estaban hartos de encontrarse con tus notas a lápiz en los márgenes de mi libro de poemas preferido.
Hartos de estar siempre a punto de olvidarte y que, en ese punto, aparecieras.

Y aunque entenderte era, a veces, más difícil que pronunciar seguidas una palabra que termina con ese y otra que empieza por erre... He de reconocer que mi voz sólo sonaba bien si tú le hacías los coros desde la cocina cualquier mañana de domingo. 


Siempre fuiste lo mejor de las resacas. 

miércoles, 21 de marzo de 2018

Día Mundial.

Hoy es el Día Mundial de tus ojos, de tu boca y de todo lo que consigues al sonreír.

Poesía, le llaman por ahí. 

Es el Día Mundial de los Días Mundiales, porque es tu puto Día Mundial.

Aunque yo ya no sea capaz de rimarte con todo eso que te define.

Con todo eso que Bécquer, sin haberte conocido, insistió en que existe.

Y me da igual que sepan que perdí mi Norte al bajar a tu Sur y mis luces se apagaron entre tus sombras, al escribirte. 


Porque ellos no pueden notar cómo se activan mis papilas gustativas, cuando me dejas sentirte. 

jueves, 15 de marzo de 2018

Magia conmigo.

Ya sabes que mis lunes son complicados, que son de rancheras y ceño fruncido.
De café y chocolate negro congelado. 

Pero me matas cuando vamos por la calle y, de la nada, sueltas eso que siempre dices: “Mírales, qué tristes van. Me pregunto cuántos no saben que encontrarán hoy al amor de su vida.”.

Y, una vez más, haces magia conmigo.

Y con los lunes. Y con la vida.

Tanta magia, que no quiero saber qué se escucha en la cara B de la cinta que sonaba la primera vez que te vi. Porque tú eres la única cara que quiero ver el resto de mi vida. 

Y puede que te eche de menos frente a un millón de olas que vienen y van, haciendo subir la marea al ritmo al que acostumbran a moverse tus pestañas.
O que te extrañe algunos kilómetros y me acostumbre a vivir lejos de tus costillas hasta la próxima... 


Pero sé que siempre habrá “próxima”, porque Plutón es bastante más pequeño que esto que siento... ¡Y ya fue planeta!

viernes, 2 de marzo de 2018

Con ganas.

Le dije que me gustaba menos que la gente que lee el periódico doblándolo como si fuese un cuaderno con anillas y me clavó los ojos, como quien clava los tacones al pisar. Haciéndome daño.

Sabía que bromeaba, pero aún así juró vengarse.
Escribió un texto jodidamente descriptivo sobre mis pecas y no paró de recitarlo hasta que se me sonrojó el alma. 

Me pidió que cerrase los ojos y me prometió que viajaríamos siempre de la mano, caminando a paso lento, por todas las calles del mundo. 

Y puede parecer una tontería... Pero hacía mucho tiempo que nadie me hacía sonreír de esa manera.

Con ganas. 


lunes, 19 de febrero de 2018

La canción más fea del mundo.

Te doy una canción, si me miras siempre como lo hacías aquella noche de frío. 

Una que sea sólo tuya y que probablemente no rime, porque yo soy un desastre si tengo que decir lo que siento y me faltarían palabras para describir tu forma de reírte. 

La canción más fea del mundo, pero la que todos querrían escuchar si supieran encontrarte entre sus letras. 

Y después, cuando ya no me quede ni un acorde por tocar sobre tu cintura, me pidas que no deje de temblar mientras cantas “Time after time”. 

Y que vaya con segundas. 
Y con terceras.
Y con todo lo que tú quieras. 

Porque a mí, a tu lado, no me importa que sea martes trece todos los días... 
Aunque no llegue el catorce de ningún mes. 

Aunque no exista febrero y se alargue el final de mis inviernos hasta mayo. 

domingo, 4 de febrero de 2018

“Loving strangers...”

Si recuerdo la primera vez que nos vimos, todavía me tiemblan las manos.

No había música, ni lluvia. 
Sólo casualidad y un montón de ganas que aparecieron por sorpresa en forma de mariposas. 

“Yo no sé si sabré quererte. Pero sé que me muero por intentarlo.”

Ahora, siempre que brindo mirando a otros ojos, busco que me lleven a donde sólo tú sabías llevarme. 


Y, aunque esta vez sí hay música, en vez de nuestro “Take me home”... Suena “Loving strangers”. 

martes, 30 de enero de 2018

Restauradora de sonrisas.

"¿Sabes lo que estás haciendo?” 
Y yo prefiero dejar las preguntas para después, porque no. 
No tengo ni idea de cómo te gusta la vida, pero puedo aprender.

Aprender a quererte, a consentirte y a hacer aparecer a tu primavera cuando el día pinte gris.
Aprender a agarrarte por la cintura haciéndote cosquillas en el estómago, por dentro.
Y aprenderme la canción que te inventes cada noche, para cantártela al oído por las mañanas. 

Pienso memorizarme todos tus lunares hasta que pueda cerrar los ojos y dibujarte en el aire con la yema de mi dedo índice. 
El mismo con el que escribiré la historia de todas las madrugadas, sobre tu espalda.

No quiero otras marcas, sobre mi piel, distintas a las de tus dientes. 
Y no puedo no invitar a bailar en mis párpados a millones de lágrimas, si me vienes con el cuento de que soy tu “restauradora de sonrisas” preferida.


Y tampoco quiero disimular las ganas que te tengo, cuando te sonrojas porque te miro mucho rato.

viernes, 26 de enero de 2018

Enlazando conceptos.

No puedo dejar de insistir en la idea de que nadie sonríe como tú, mientras tú le das vueltas a eso de que yo sonrío demasiado “para ser gallega”. 

Y, una y otra vez, vuelves a la carga... 
En tu línea, enlazando conceptos sin sentido y, de paso, mi vida a los talones de tus sueños. 

Y te hago prometer que nunca besarás otros labios. 

Y lo juras, porque prometer siempre te supo a poco.
Sin importarte si ese “nunca” dura para siempre. 

¿Cómo no quieres que sonría? 


(¿Y cómo pretendes que no te quiera? Si te acabas de alejar dos pasos y ya te echo de menos.) 

domingo, 7 de enero de 2018

Cuestión de acentos.

Me dices que sí, que Barcelona es bonita hasta cuando llueve. 

Y me vuelves a hacer trampas porque a mí, a tu lado, incluso el más feo de los callejones me parece un paraíso. 

Porque si veo tu nariz roja por el frío y tus ojos brillando por encima de la bufanda, ya siento que todo merece la pena. 

Y tú, que a tu paso vas cambiando los semáforos a verde, te sigues enfadando si te digo que mi acento favorito siempre será el de A Coruña. 

Como si el amor fuese una cuestión de acentos. 
Como si tu forma de decir mi nombre, no me bastara para olvidar los kilómetros que me separan de casa. 
Como si no quisiera quedarme para siempre, aunque te pongas de acuerdo con la vida para hacerme trampas.

jueves, 4 de enero de 2018


Llevo en la sien, grabada, tu advertencia: “Me estás obligando a quererte”.
Y no me olvido de ti, aunque pueda parecerlo.

Te busco en todas las caras que veo por primera vez y en todas las sonrisas que me regalan. 
Pero nunca te encuentro hasta que cierro los ojos. 

Y si me preguntan qué quiero, lo tengo claro: Quiero que vuelvas y veamos películas. Nuevas o repetidas.
Quiero hacerte cosquillas hasta que dejes de decir que no tienes.

Y quiero que te rías muy fuerte cuando te digo que me aterraría llegar a ser una de esas personas que nunca escuchan música... Y que me asegures que eso es imposible. 


Porque puede que a mí, por ser de mar, lo nuestro me tenga el mismo sentido que el concepto “puerto de montaña”... Pero, por esta vez, es todo el sentido que quiero buscarle.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Nada.

Llevo los bolsillos llenos de momentos de nuestro último viaje, por eso siempre camino con las manos dentro y el corazón de escudo.

¿Te acuerdas de aquella vez que encerramos nuestro primer verano en un bote, guardando en él un poquito de arena de la primera playa?
Nos importó una mierda el bronceado, porque nos hicimos arder mucho más que el sol.

Ahora es invierno y, cuando me aprieta en el pecho el echarte de menos, inclino la cabeza y sonrío porque en el cuello de mi abrigo se escondió, tímido, tu perfume.

Justo después del último abrazo y un segundo antes del penúltimo beso.
En ese instante que parece que no existe, porque buscamos la magia de tenernos más cerca.

Me pongo roja cada vez que recuerdo tus visitas al interior de mi alma y tus manos recorriendo con prisa la cintura de mis vaqueros.

Sin embargo, cuando me miran raro porque estoy feliz por nada, me muerdo la lengua y me aguanto las ganas de gritarles que mi "nada" más absoluta, eres tú.

Y que, aún sin tener nada, ya tengo todo lo que necesito.


lunes, 16 de octubre de 2017

Un naranja casi mágico.

Es difícil adivinar cuándo me echo de menos, si cada vez que te miro me encuentro en tus ojos y es como si nunca me hubiese perdido.

"¡Joder con el otoño!", dices mientras te subes las mangas y llenas de aire tus carrillos para resoplar muy fuerte.

Tienes razón, está haciendo demasiado calor para estar en octubre.
Es como si el verano (ese que te trajo hasta mis ganas de tenerte), no quisiera marcharse de tu lado.

No seré yo la que diga que no lo entiendo.

A mí siempre me ha gustado el otoño por el frío de última hora de la tarde, las hojas secas y el olor a castañas que inunda las calles.

Ahora, sin embargo, lo único que me gusta de las tardes es verlas morir en tu abrazo.
Ver cómo se pone el sol entre tu pelo y te tiñe las mejillas de un naranja casi mágico.

Que tu voz sea bálsamo para las heridas de mi ego.
Y poder encontrarte a la orilla de mi boca cuando el recuerdo de tu risa sea lo único que cure a mi mar, enfermo de tempestades.

¿Y que el otoño se resiste? ¡No importa!

Tú seguirás inventando mil locuras para cuando llegue el invierno y te entretendrás mirando cómo dibujo nuestras iniciales en todos los bolsos de lentejuelas que me encuentro cada vez que "tenemos que ir de compras".

Yo, por mi parte, prometo esperar al frío a tu lado y cantarte a Andrés Suárez con ese acento que dices que tenemos.

domingo, 24 de septiembre de 2017

¡Qué vicio tonto!

Cerramos los ojos un instante y se cuela por la ventana una música que a mí me suena a casa y a ti te resulta familiar.

Me propones que me quede a vivir en tus clavículas y te juro que jamás me había costado tanto decir que no.

Aseguras que una semana es mucho tiempo y se te rompen los labios en una especie de gesto de súplica.
¡Cómo odio que siempre tengas razón!

Qué rabia saber que volveré cuando el otoño ya haya jugado con las primeras hojas.
Qué manía tienen las estaciones de empezar a ponerse bonitas cuando estamos lejos...

¡Y qué vicio tonto estoy cogiendo, de tu piel!

A ver cómo nos libramos, después, de todo esto que dijimos que no sentiríamos.

Al tiempo, se lo explicas tú; lo de separarnos de vez en cuando, ya lo solucionaremos.

domingo, 10 de septiembre de 2017

La fachada intacta.

En realidad no tengo mucho que ofrecerte.


Mírame: Soy la fachada intacta de una casa en ruinas y una sonrisa amarga al fondo de una botella de ron barato.


Apenas consigo mantenerme en pie, pero te estoy pidiendo que te quedes. 

Que vengas conmigo, que huyamos de la tormenta y que le jodan al invierno que amenaza con dejarnos los sentidos empapados en tristeza.


A mí me sobra con tu calor y un par de películas malas, para enfrentarme a la vida.


Tu sonrisa me pilló por sorpresa al final del verano y me sacudió el alma, dejándome claro que no me volvería a olvidar de tu forma de caminar. 


A ti te gustó el reflejo de las luces de colores de mi habitación, en el brillo de mis ojos. 


A mí, que colocases tus auriculares dentro de mi capucha, dejándome fuera el flequillo y un beso balanceándose en el límite de los labios. 


Y aún sin entender nada, supimos en un segundo de qué iba todo esto. 



lunes, 4 de septiembre de 2017

Otro invierno como el de ayer.

Te conocí cerca del final del verano, una noche en la que que no había estrellas. 


Ahora, cuando miro por la ventanilla y contemplo cómo se muere otro día, te veo justo donde se esconde el sol y el cielo parece el inicio de una tormenta de arena.


Yo siempre te besé despacio, porque nunca tuve prisa por dejar de quererte.

Y tú me acariciabas el pelo con cuidado, dejando entre mis rizos tus deseos sin cumplir.


Sonreías a lo lejos y desaparecía el frío. 

Ese frío que me envuelve los huesos desde que no te tengo.


Me niego a vivir otro invierno como el de ayer.

Me niego a despertarme, cada día, en un hoy en el que no estás.


Quiero todas las noches de todos los finales de verano.

Y las quiero sin estrellas, por haberlas gastado pidiendo que regreses a mi lado.