Le dije que me gustaba menos que la gente que lee el periódico doblándolo como si fuese un cuaderno con anillas y me clavó los ojos, como quien clava los tacones al pisar. Haciéndome daño.
Sabía que bromeaba, pero aún así juró vengarse.
Escribió un texto jodidamente descriptivo sobre mis pecas y no paró de recitarlo hasta que se me sonrojó el alma.
Escribió un texto jodidamente descriptivo sobre mis pecas y no paró de recitarlo hasta que se me sonrojó el alma.
Me pidió que cerrase los ojos y me prometió que viajaríamos siempre de la mano, caminando a paso lento, por todas las calles del mundo.
Y puede parecer una tontería... Pero hacía mucho tiempo que nadie me hacía sonreír de esa manera.
Con ganas.
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