sábado, 27 de septiembre de 2014

Desde dentro.

Se me empaña la mirada mientras se desdibuja el recuerdo de tu rostro.

Creo verte, a lo lejos.

Intento alcanzarte y me pierdo en unos ojos, vacíos de mí, que no son los tuyos.

La sombra de tus manos me persigue,
el aroma de tu pelo se acerca al de mi piel, la marca de tus dientes imperfectos me devora el alma.

Muy despacio.

Desde dentro.

Desde donde se clavaban tus antojos.

Desde donde se cumplieron tus deseos.

Desde donde te encargaste de matar mis intentos por seguirte descubriendo.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Color caramelo.

Le fue fácil romper el silencio, recomponiendo mi corazón a la vez.

"Vamos a juntar tus 'quiero' y los míos y a prometer un 'para siempre'."

Es difícil de contar.

Hay que tener sus ojos muy cerca para entender que la solución a tus problemas se esconde detrás.

Nunca hubiera confiado en una mirada que llega de repente a cambiarlo todo, de no ser la suya.

Apareció cuando creía no tener motivos para seguir, para quedarme, para vivir...

Me demostró que mi sitio estaba aquí, reconociéndome entre sus palabras, redescubriéndome entre sus manos, recreándome en el color caramelo con el que me endulza el alma cada vez que me mira.

Es difícil de contar, pero hace que la vida resulte muy fácil.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Genial.

Sería genial agarrarte la mano, fuerte y subir la cuesta más larga de la ciudad

De noche y a pocos grados del cero.

Temblando y ardiendo.

Llegar a casa a celebrar que no nos afecta demasiado que nuestro equipo haya perdido.

Que si hay pizza fría y una película lo suficientemente mala como para dejar a medias, tenemos todo lo que necesitamos.

Yo protestaría porque la bufanda me agobia y tú porque el gorro te despeina.

Y estallaría una carcajada, rompiendo el silencio del salón, que nos demostraría que somos igual de quejicas.

Entonces nos olvidaríamos del frío que hace fuera, estoy segura.

Y esperaríamos a que la noche nos detuviera, mientras vemos amanecer al otro lado de la ventana.

Mientras el sol aparece al Este de tus caderas, para hacerme perder el Norte.

Sería genial agarrarte de la mano, fuerte y que, en un suspiro compartido, parecieran esfumarse todos nuestros problemas.

Sería genial.

Serías genial.

martes, 23 de septiembre de 2014

Lo siento tanto...

Te miro a los ojos, sonríes y, poco a poco, algo se muere dentro de mí, mientras fuerzo una sonrisa que sabes falsa.

¿Qué pasó con aquellos días en los que nuestras miradas reflejaban lo mucho que nos queríamos?

¿Qué, con las tardes de que acababa doliéndonos el pecho de tanto reír?

Por nada. Por todo.
Porque estábamos allí, felices, muy cerca.

¿Qué fue de ese plural que fuimos un día? ¿Por qué se rompió?

Juré ser "el viento bajo tus alas", como dice la canción, y esas ganas de tus manos se fueron gastando a medida que la música dejaba de sonar en el fondo de mi alma.

Tú, que llegaste levantándome de nuevo de entre los escombros y llenaste cada hueco de mi ser.

Tú, que entendiste mis silencios, mis sonrisas, mis abrazos.

Tú, que nunca me has fallado ni dejado de querer, entiendes que cada beso que te doy me quema el alma sin hacerme arder.

Tú, la perfección.

Yo, lo siento tanto...

miércoles, 17 de septiembre de 2014

El hueco de la guitarra.

El hueco de la guitarra entre la cama y la pared.

O entre mis manos.

Tú, deslizando las yemas de tus dedos por mis brazos mientras toco algo que habla de ti.

La dejo sobre la cama y, de repente, tu espalda ocupa su lugar.

Vaqueros desabrochados con prisa, costuras que resultan muy incómodas y un suelo que se adapta al vaivén de tus caderas.

Siempre fuiste, de mi cama, melodía interpretada desde lejos.

Vuelve el invierno y busco a qué engancharme cada noche.

Hace tiempo que la guitarra ocupa su sitio, desafinada.
Ya no la toco.

Y dime, ¿qué voy a interpretar?

Si el suelo vuelve a ser frío y tus piernas ya no están para enredarse con mis ganas de quedarme a vivir entre tus brazos.

Llora.

No te diré que no llores.

Llora, niña.

Llora cuanto desees.

Llora todo lo que sea necesario.

Llora hasta que sientas que el pecho ya no responde cuando intentas coger aire.

Llora aunque notes las lágrimas quemándote las mejillas.

Que no hay belleza más real que la que aflora bajo unos ojos húmedos.

Llora, niña.

Llora y siéntete libre.

Adorable.

No me digas que no es adorable cuando te despiertas con la forma de mis pulseras en la piel, por dormirte sobre mi brazo.
Con las huellas de mis dedos tatuadas sobre tus muslos, con la marca de mis dientes por tu espalda.

Cuando me despierto, corazón, con esas ganas locas de perderme alrededor de tu cintura y me juras que no permitirás que me encuentren.

Dejando a las manos encenderse.
Aprendiendo a conocer tus recovecos.
Sabiendo que te siento, que me sientes.

Que no hay nada más sexy que verte despertar cada mañana sin saber de qué va el mundo y que puedas orientarte por el hueco de mi espalda.

Me dices que te quedarás conmigo en algún punto antes del "adiós".
Para siempre.

Que te encanta mi risa, mis abrazos, mis historias.

Que este será un cuento de esos que no se cuentan porque el público no entendería que no tuviese final.

Y que escribiremos, cada día, una nueva página sin otra pluma que la lengua.
Repasando, uno a uno, todos los rincones de nuestra piel.

martes, 16 de septiembre de 2014

De nuevo.

Nadie sabe dónde están los amores de su vida, hasta que los encuentra.

Puede que uno de los amores de mi vida no hable mi idioma, puede que viva muy lejos y viniese de paso, puede que se haya parado en medio de mi camino y me haya gritado "¡AQUÍ ESTOY!" con una sonrisa llena de ilusión.

Sé que ha sucedido todo eso.

Sé que el amor de mi vida ha pasado ya y, como a todo tren puntual, lo he perdido.

Lo mío es llegar tarde a todo por estar, de imbécil, pensando en tus caricias.

He visto una mirada llena de momentos por vivir que se ha vuelto triste cuando salí del vagón, he visto decepción y me he visto perdiendo, una vez más, por pensar en tus ojeras.

Pero... ¿¡Y lo bien que te quedan!?

Me he dejado al amor de mi vida entre raíles, me he bajado a un par de estaciones de tener sus besos y sentí en una mirada, todo eso que tú me tendrías que dar.

No volveré a perder a otro amor de mi vida por colgar mis deseos a tus caderas.

No.

Hasta que aparezcan otros ojos que me remuevan el alma y me dé cuenta cuando ya sea tarde.

Entonces, de nuevo, tendré tu recuerdo.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Tu soledad con la mía.

Echo de menos a tu soledad con la mía.

Las noches de conversaciones vacías, con silencios llenos de sentimientos.

"La vida no es esto", decías.

Y sonreíamos porque sabíamos que nuestras soledades no eran de acompañarse, pero se hacían compañía.

La vida puede que no.

La felicidad, al menos en ese instante, sí.

Echo de menos a tu soledad con la mía.

Y a tus besos a distancia, a tus caprichos, a tus quejas infinitas...

Una noche más.

Es septiembre y vuelve, sin pensarlo, una estación que me trae tu nombre.

Filosofía barata de horas de tren, que arrastra tus besos de invierno por los huecos libres de mi memoria.

Fuera, las nubes fumándose unas a otras.

Nada queda, ya, de las que dibujaban formas divertidas para entretenernos cuando nos miraban.

Dentro, tus besos consumiendo mis ganas de huir.

Cuando el vagón era sólo nuestro y, de repente, un asiento para dos parecía mucho.

Cuando jurábamos que a menos de dos milímetros, no. Nunca. Jamás.

Es septiembre y vuelve, sin pensarlo, una estación que me trae tu nombre.

Y el reflejo de tu sonrisa en el cristal me viene a la cabeza para hacer salir el sol, una noche más.

viernes, 12 de septiembre de 2014

"Crónica de un baile".

Recuerdo haber descubierto una voz que me ganó en la primera estrofa.

Recuerdo unas ganas de cambiar de vida que vinieron de la mano de "El tren de la cordura".

La ilusión de algo que crecía a ritmo de "Si pasa o no".
(Aunque resultara que no. En mí, sí.)

Un vídeo de despedida con mis lágrimas bailando "Aún no te has ido".

De repente, por sorpresa y desde lejos, el "Adiós de mayo" que me hizo morir de ganas de volver.

Madrid. Un directo.

ADORACIÓN.

Y ahora llega "Crónica de un baile" y me tiene temblando desde el primer acorde.

Me hago la fuerte las dos primeras canciones y luego me rompo por dentro, reconstruyéndome también.

Llorando y sonriendo.

Y agradezco.

Agradezco que haya una voz capaz de ser sentimiento, letras capaces de acariciar y calmar miedos, música capaz solucionarlo todo.

Nunca un viaje tan intenso por mi sentir.

Nunca, hasta "Crónica de un baile".

Empapelaré las paredes de mi alma con tus letras para agradecer que dieras cobijo a mi corazón en tu música.

Gracias por todo, por tanto.

Gracias, de verdad.

jueves, 11 de septiembre de 2014

No creo.

Y si me veo sorprendiendo, abrazando por detrás o apareciendo, de repente, entre unos brazos... No es en los suyos.

Con nadie más que contigo querría tardes de domingo viendo llover, viendo películas malas, viéndote dormir en mi sofá mientras arrugas la nariz.

A nadie más le dejaría destaparme cuando tengo frío, jugando a eso que te inventas cada noche de "cuanta menos ropa, más calor".

A nadie, como a ti, le gusta mi moño mal hecho, a juego con una sudadera tres tallas más grande.

Tres.

Como las veces que bostezas antes de irte a dormir.

Como los días que no aguanto sin verte.

Como las noches que no quiero, sin ti.

Tres.

Como las veces que te digo que te adoro, cuando te enfadas, para verte sonreír.

Como el nivel al que llegan tus gritos cuando se juntan con los míos.

Como los mordiscos que me das en la nariz.

No creo en más futuro que tu sonrisa forzada, cada mañana, antes del café.

No puedo querer otro presente, si tengo una boca que no se calla ni besando, si me muerdes el labio, si te tengo a mi lado.

No quiero creer en la felicidad sin tus ojos, tus manos, tu ropa en el suelo, tus gestos, tu voz.

No creo en la vida sin ti.

Pero suena.

Eres esa canción que, después de mucho tiempo, suena en algún rincón de una emisora que no suelo sintonizar.

Suena entrecortada, como tu voz, como tu aliento en mi oreja.

Suena lejana, como mi recuerdo de tus manos.

Pero suena.

Me coge de sorpresa y, como siempre, me levanta la tapa del alma para darle un par de vueltas a lo que pensé que ya no estaba.

Un acorde. (Aquí me rozabas el cuello.)

Otro. (Aquí me mordías la oreja.)

Estribillo. (Aquí ya no éramos dos.)

Solo de guitarra. (Aquí sonreías. Y yo.)

Y puedo apagar la radio, que la melodía de tus besos se repetirá en mi cabeza una y otra vez.

Hasta que te sueñe.

Hasta que te sude.

Hasta que vengas a llevártela, mientras mi vista se pierde en la facilidad que tienes para hacer baile con las caderas.

Y bailando, como las lágrimas en mis ojos, te vas.

Hasta la próxima.

martes, 9 de septiembre de 2014

Exigirle a la luna.

Caminaba cerca del mar dejando a la brisa empaparme de su olor, de su frescura, de tus ganas de hacerme sonreír.

Recuerdo tus hoyuelos, tus piernas y los huesos de tus caderas moviéndose a un ritmo constante.

Un beso sin permiso, dos miradas y dos personas que no se conocen, pero sí (que se conocen, pero no).

Quisiera exigirle a la luna que me devuelva todas las noches que no pasé a tu lado besándote en los ojos, sintiendo tus caricias, quemándonos la piel.

Quisiera hacerme dueña de tus sueños, cumplirlos y rendirme cada día ante tu dulzura.

Recorrer sobre tu espalda rutas aún no inventadas y viajar por cada milímetro de tu piel, sin rumbo, sin límite, sin más permiso que el de tu sonrisa rogándome que no pare.

Caminaba cerca del mar dejando a la brisa empaparme de su olor, de su frescura, de tus ganas de hacerme sonreír.

Y lloré.

Sin querer.

Sin saber.

Sin poder parar.

martes, 2 de septiembre de 2014

Queroseno.

¿El amor de mi vida?

Es de ojos rojos y sonrisa fácil.

Le gusta el olor a gasolina y ver despegar los aviones desde el capó del coche cualquier noche de verano.

Las manos frías. Siempre frías.

El pelo tan oscuro que parece teñido por la noche más hermosa.

Su piel, salada por el mar y blanca.
Como si el sol no se atreviera a rozarla para no hacerle daño.

Unos ojos como no hay otros en este mundo (de un verde que no se ha inventado) y la voz más tímida que existe.

Sus besos, prefiero pensar, son de queroseno y yo, al mínimo contacto con el fuego de sus labios, podría arder.

¿El amor de mi vida?

No sabe que lo es.
No sabe que estoy.
No sabe que, sin el roce equivocado de sus brazos, apenas soy.