"Cada día nacen los mismos besos que mueren", te dije.
Y conseguiste arrastrar uno, para que fuera mentira.
"Ayer hubo uno que no murió", susurraste. Y sonreíste.
Porque así eres, de sonrisa fácil, de abrazos que no terminan, de ilusiones que crecen a cada instante.
Eres de llenarme el alma con el brillo de la primera mirada del día.
Eres la ilusión del niño que hace, de una caja, un castillo.
Eres la emoción de las canciones de un minuto, el sentimiento en mis palabras cuando me paso con las cervezas y la intensidad de los recuerdos que alimentan mi memoria.
Eres las lágrimas de risa, la sonrisa tras las lágrimas, la calma en mi agonía y las promesas cumplidas.
Eres los besos que no mueren, los días que pasaron, las noches que vendrán.
Eres. Estás.
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