Que San Juan siempre fue de amoríos y playa.
De fuego en el alma.
De besos y sal.
De hogueras que queman por dentro cuando ya no queda ni un trozo de piel por sentir.
De encontrarme de frente tus ojos y, en un arrebato, quedarme a vivir.
Me enseñaste, un San Juan, que si amamos mirando a lo lejos siempre habrá futuro.
Y recuerdo tu risa ligera, tus ganas de verme y tu sueño profundo.
Siempre fue, este día, tan tuyo como mío.
Tan nuestro como lo es el fuego, de la noche.
Que San Juan a tu lado era dejar, al verano, debiéndonos frío.
No hay comentarios:
Publicar un comentario