Escucho tus primeros acordes y, aunque quisiera dejarte, ya tengo tu melodía en la cabeza.
Ya sólo puedo cantarte, bailarte, sentirte y, un día con suerte, tocarte.
A ti, que de los amores que canta Sabina, te encantan todos y adoras escapar a donde las niñas ya no quieren ser princesas.
Recuerdo el día que te conocí y cómo me susurraste que venías a pegar los trozos de corazón que perdía en cada mirada.
Y dime tú si conoces a alguien que pueda resistirse a tu sonrisa de insistencia, a tu confianza, a tu "vengo a sacarte de la 'Calle Melancolía'".
Por más que quiera, no puedo dejar de agradecerte que hayas juntado las piezas de mi alma y completado el puzzle de mi vida.
Quererte se me hizo demasiado fácil; respirarte, rutina.
Y no pienso en perderte. No querría querer.
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