martes, 8 de abril de 2014

De su nombre.

De su nombre, cuando lo supe, derivaron varias noches sin dormir y unos cien poemas de amor.

De su acento, mil maneras de cantarle a la luna.

Y de la curva de su risa (a la curva de su espalda), infinitas ganas de enredarme en sus pensamientos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario