lunes, 21 de marzo de 2016

La primavera de los amantes.

Arranca, con ganas, la primavera.

La primavera de los amantes que se encuentran al fondo de una botella vacía, con los ojos vidriosos.

La primavera de los valientes, que quieren querer y deciden hacerlo.

La primavera de los enamorados, que se incendian el alma al rozarse las mejillas.

La de las manos que se encuentran, sin permiso, por encima de la rodilla y terminan sudando la resaca de un invierno que se cansó de ver morir a las flores.

Arranca, con ganas, la primavera.

Una primavera más. 

La tuya. 

Mi koala.

Acariciabas el volante con una delicadeza exagerada, abrazando las curvas.
Parecía que la carretera y mi destino se dibujaban a tu paso. 

Recuerdo cómo jugabas a ser un koala, rodeando con tus piernas mi cintura, y me jurabas que dejarías el rastro de tu perfume en cada centímetro de mi cuello.

Soñabas y sonreías.

Y yo me enamoraba, cada vez un poco más, de las pecas que quedaban atrapadas en tus hoyuelos cuando vivías mil aventuras con los ojos cerrados.

Si tuviera que explicar cuánto te echo de menos, podría decir que el vacío de mi alma es tan grande e intenso como el color que tomaban mis mejillas cada vez que me contabas los lunares.

"Yo me inventé la dirección. Sabré cómo volver."

Y no. Nunca.

martes, 15 de marzo de 2016

Dos nosos.

Cando lle preguntaban de onde era, sempre respondía "de aquí".

Porque non importaba o lonxe que se atopara da casa, na súa alma todo era Galiza. 

Choraba a lembranza dos invernos fríos, dos que xa non queda nin un fío de vento, e dos veráns de cando a brisa do mar aínda obrigaba a botar man dalgunha peza de abrigo.

Gardaba, nas palmas das mans, as feridas de traballo dos labregos.
E no vermello das súas meixelas adiviñábanse as horas de frío de máis de catro vellos mariñeiros.

Era o reflexo da terra que coida dos seus fillos. 

Era, sen sabelo, eternidade e lenda.

Era "de aquí". Sempre. 

Era dos nosos. 

lunes, 14 de marzo de 2016

Mira, no.

Mira, no. 
Enfádate si quieres, pero no tienes razón.

No es lo mismo un puñado de estrellas, por brillantes que sean, que la belleza de la luna. 

Ella, que se pasea sola. 
Que no necesita a nadie.

Ella, que reina cada noche en medio de la oscuridad porque las sombras decidieron que no tenían nada que hacer contra su perfección.

Y no es lo mismo el calor de tres abrazos en la barra de cualquier garito, que tu mano acariciándome la espalda. 

Podría dar millones de ejemplos más, pero sería ilógico intentar convencerte de que mi vida es mejor contigo... 

Porque tampoco es lo mismo que quieras quedarte, a que creas que es algo que tienes que hacer.

Como no lo es, que todos se muerdan el labio al verte llegar, pero tú prefieras morder el mío. 

domingo, 13 de marzo de 2016

Pueblo marinero.

Apenas se habían cruzado sus ojos y los míos y ya supe que quería encallar en su cintura.
Ser el último barco sobre la arena de su playa.

Supongo que esa es la magia de los pueblos marineros.
La osadía de la brisa, que deja entre su pelo más de cien historias de sal. 

Alguien, a mis espaldas, habló rompiendo la calma en la que me había instalado para disfrutar de sus gestos delicados.

"Hay mujeres por las que merece la pena esperar."

Sonreí.

Alguien, aquí, sabía muy bien de qué iba la vida. 

Se acercó a mis ganas de dibujar la forma de sus labios al cantar y, erizándome la piel en un susurro, pasó de largo. 

Pero no me importó, porque ya me había enamorado. 

No me importó, porque cada vez que escucho el sonido de la marea rompiendo entre las rocas, me acuerdo de su voz.

Supongo que esa es la magia de los pueblos marineros. 

miércoles, 9 de marzo de 2016

Júpiter y tú.

Suena "Prometeo" y llegas a casa corriendo.

Me coges de la mano y me arrastras hasta la ventana. 
Te brillan los ojos y dices algo sobre la Luna y Júpiter.

Hablas tan rápido y con tanto entusiasmo que me cuesta seguirte...
Y me pierdo en el ritmo al que tus pestañas me aceleran el pulso. 

"¡Que esto sólo pasa cada trece años!" 

Siguiendo el reflejo de tu sonrisa sobre el cristal, dejo que se me empañe la mirada de ganas de quererte. 

Cada día apareces con una historia nueva, pero yo no puedo dejar de admirar la pasión con la que me muestras las cosas que te gustan. 

Y me quedo allí contigo, abrazándote por la espalda y siendo testigo de cómo Júpiter te mira con envidia. 

"Pues yo... Yo repetiría este momento cada trece segundos", te susurro. 

Y te sonrojas, como si fuera la primera vez que escuchas hablar a mi corazón.

domingo, 6 de marzo de 2016

Sólo a mí.

Sólo pido que las películas de Antena 3 sigan siendo tan malas como siempre, para no tener que apartarte de mi cabeza ni un domingo. 

Me imagino tu cara de aburrimiento y tus ojeras haciendo juego con las mías.
Tus ganas de no hacer nada, porque los sábados siguen siendo duros y te destrozan.

Me consuelo pensando que, alguna que otra vez, me has sonreído. Sólo a mí.

Y que cuando pienso mucho en tu voz, antes de dormirme, puedo soñar con ese gesto agradable con el que insinúas que pasas de mí.

Y con redibujar todos tus tatuajes bajo la luz de un sol que ya no quema. 

lunes, 29 de febrero de 2016

"Siguiente".

Me encanta cuando me dices que escoja yo la música, que te da igual... 
Y, justo cuando empieza a sonar, aprietes el botón de "siguiente" hasta que llega una canción que te gusta y me sonrías para que no me enfade.

Porque sabes que, conmigo, lo tienes todo ganado.

Me gusta cuando me odias porque soy una loca con falta de cafeína, pero me confiesas que no puedes vivir sin mí.

Y cuando me lees poemas de autores a los que les sobra el talento y les tarda la fama.

Si tuviera que quedarme con una imagen, sería la de tus jeans tirados al lado de los míos, mientras tus dedos se entretienen con mi pelo y, fuera, la tormenta nos pide que nos abracemos un rato más. 

Pero no lo haré. 
No me quedaré sólo con una.
Porque las quiero todas.
 
Quiero que seas la película de mi vida, con la banda sonora que yo elija y que tu cambies cinco segundos después. 

Y que me agarres fuerte la mano cuando hace frío y me quieras mucho.
Mucho y bien.

Como hasta ahora... Pero siempre. 

viernes, 26 de febrero de 2016

No se pasa.

"Lo importante no es lo que todos creen que quiero, es lo que siento de verdad.
Lo que pasa aquí dentro cada vez que te veo aparecer."

Sonriendo, llevó mi mano hasta su estómago.

"Es como si, cuando te acercas, un huracán se colara justo aquí.

Y no se pasa."

Sabía de lo que hablaba.

Desde la primera vez que sus palabras se decidieron a acariciarme el oído, sentí ese huracán del que me hablaba.

Y lo mejor era eso, que no se pasaba.

Se convirtió, de repente, en la mejor sensación del mundo. 

"Sabes que cuando empezaste a amar mis defectos ya era tarde para arrepentirte, ¿verdad?"

Y, mientras sus músculos se tensaban en una carcajada infinita, comprendí que era ahí donde siempre había querido estar. 

Que yo siempre había pertenecido al lugar en el que sus manos decidan instalarse.

Querría quedarme entre su risa para siempre. 

Y no, esas ganas tampoco se pasan.

jueves, 25 de febrero de 2016

Que sea muy feliz.

Mentiría si dijera que no quiero que sea muy feliz. 
Ojalá no tenga que volver a buscar mi abrazo, cuando alguna imbécil le haga sentir que no es suficiente.

Pero, siendo sincera, quiero ver su sonrisa cerca.
La quiero ver tan cerca que parezca que está dentro de la mía.

Quiero que se olvide de que algún día le hicieron daño.
Que no le quede, en los labios, otro sabor que no sea el de mis besos.
Que se olvide del último trago de aquel amor amargo con el que engañaron a su última esperanza.

Quiero leerle, con la voz apagada por habernos encendido, todos los textos que escribí pensando en sus maneras.

Y, aunque podría prometérselo todo, le pediría que me ayudase a rescatar lo poco que queda de la persona que fui.

Claro que quiero que sea feliz.

Pero quiero que lo sea conmigo.

domingo, 21 de febrero de 2016

Inevitable.

Recuerdo la inmensidad de tu sonrisa cada vez que me decías lo sencillo que era identificar las fases de la luna con sólo mirar al cielo.

Me lo explicabas una y otra vez, como si yo pudiera alejar mis ojos de ti.
Como si realmente pudiera ver más allá del brillo de tu mirada (que dejaba a las estrellas en un segundo plano).

Lo recuerdo como si fuera ahora.

Es inevitable.

Del mismo modo que lo es que acuda a mi cabeza la imagen de tus manos, cuando escucho el sonido de una cremallera.

De la prisa de tus modos cada noche.
De tus carcajadas y mis cosquillas.

De nuestras ganas de encontrarnos, para perdernos.

Es inevitable.

Como quererte o echarte de menos. 

miércoles, 17 de febrero de 2016

Ya te llevo mejor.

"Y escribo lejos de casa porque tú y yo nos perdimos hace versos. 
Y, sin un 'siempre', ya mi corazón no tiene métrica, ni acepta rima."

El Facebook me recuerda, a menudo, todo aquello que escribía cuando sabías cómo dolerme. 

Supongo que me volveré a olvidar de tu sonrisa en cuanto deje de sonar "When you're in love with a beautiful woman" y supongo que, aún sin saberme cerca, supones que ahora te estoy suponiendo.

Porque tú también eres muy de suponer.

Cierro los ojos con fuerza y, aunque lo primero que recuerdo son tus pestañas, tu risa empieza a sonar a eco de un pasado agridulce.

Ya lo llevo mejor.

Ya te llevo mejor.

Ya suena otra canción. 
Una más y veo cómo te alejas. 

"If it makes you happy..."

domingo, 14 de febrero de 2016

Lógico.

A veces sucede que alguien versiona a los Kinks y la sonrisa más que conocida del fondo del bar, parece diferente.
Más intensa. Más brillante. Más bonita.

Y coincide con una noche en la que el mar está revuelto, como su pelo, pero las olas se mueren por romperse entre sus rizos.

Es como si la vida se rindiera ante lo bonito de sus ojos.

Lógico.

Es algo parecido al desamor, pero al revés.

Es el mundo, deteniéndose a su paso.

Un mundo distinto al que existe cuando no me mira.

jueves, 11 de febrero de 2016

Nombre de canción.

Tiene nombre de canción de M-Clan, de Status Quo o de cualquiera de esos grupos que le ponen nombres de personas a las canciones, para que todo suene mucho mejor.

Para que todo suene a la vida a su lado.

Me encantaría saber si sonríe los domingos por la mañana o si haría algo para impedir que le llene la cara de chocolate un sábado perezoso, de esos que casi te obligan a quedarte en casa viendo una peli mala y riéndote de la vida.

Sé que podría acostumbrarme al sonido de sus zapatos en el pasillo, todos los lunes por la mañana.

Aprendería a vivir con sus manías, si me asegura que sus carcajadas son tan mías como yo creo que lo son.

Intentar que la felicidad nunca desaparezca de su rostro... Sería lo único a lo que querría dedicar toda mi vida.

No sé, supongo que me gustan los retos.

Y la forma en la que me pone nerviosa sólo con mirarme, haciendo como que no me mira.
Eso también.  

lunes, 8 de febrero de 2016

Siete años de mala suerte.

"Me gusta la gente enamorada, porque hace cosas bonitas.

Me gusta, porque tiene en los ojos un brillo especial cuando habla de la persona a la que quiere.

Y me gusta, sobre todo, porque no necesita muchas palabras para demostrar que todo lo que siente es sincero."

Me habló rompiendo el espejo en el que se reflejaban mis miedos, regalándole siete años de mala suerte al desamor.

Adoré la forma en la que sus ojos se clavaron en los míos, arañándome el corazón.

Había memorizado cada uno de sus gestos y no podía evitar sonreír cada vez que se acercaba a mis manos de esa forma tan especial.

Me hacía pequeñita ante la inmensidad de su belleza y el universo, aún siendo infinito, parecía ridículo al lado de su sonrisa.

"Me gusta la gente enamorada", repetía.

Y el mundo se paraba por un rato, mientras su voz acunaba con suavidad mis ganas de sentir.

Otros siete años.