A veces sucede que alguien versiona a los Kinks y la sonrisa más que conocida del fondo del bar, parece diferente.
Más intensa. Más brillante. Más bonita.
Y coincide con una noche en la que el mar está revuelto, como su pelo, pero las olas se mueren por romperse entre sus rizos.
Es como si la vida se rindiera ante lo bonito de sus ojos.
Lógico.
Es algo parecido al desamor, pero al revés.
Es el mundo, deteniéndose a su paso.
Un mundo distinto al que existe cuando no me mira.
No hay comentarios:
Publicar un comentario