Esta historia debería empezar con el clásico "Érase una vez", por eso de los príncipes y las princesas.
Pues bien...
"Érase una vez (en un lejano país, donde comienzan todas las historias de este tipo) un príncipe que, al hacerse mayor, perdió todo el brillo de su mirada y una princesa que a medida que cumplía años, perdía esperanzas.
'¿Qué les pasa? ¿Por qué tan desilusionados? Si lo tienen todo... Belleza, riqueza y un futuro prometedor.' Murmuraban los habitantes de ambos reinos.
Pero el príncipe y la princesa, que no se conocían, guardaban silencio.
El príncipe no entendía que no pudiera llorar cada vez que sentía esa necesidad.
No entendía para qué tendría que casarse y prometer a una mujer que la haría feliz.
'¿Cómo puede ser feliz una mujer, con la vida que se supone que le tengo que dar? ¿Cómo, si sólo viviría para ser mi trofeo?
Así nadie puede ser feliz.'
La princesa estaba cada vez más cerca de dejar de ser "la princesa" y empezar a ser "la esposa de" cualquier futuro rey.
'¿Cómo es posible que, teniendo las ganas que tengo de vivir, me corten las alas?
¿Por qué no puedo salir y disfrutar?
¿Para qué tantas tierras, si ni siquiera puedo recorrerlas sola a caballo?'
El príncipe y la princesa, lejos de ser como los demás, sólo querían un amor.
Un amor de verdad.
De esos en los que se completan el uno al otro, en lugar de anularse.
De esos amores que parecían no existir cerca de sus reinos.
'Ese tipo de amor que no es dependencia, si no respeto', decía el príncipe.
'Esa persona que no te ate, si no que una su libertad a la tuya', decía la princesa.
Y, lejos de encontrarse, los ecos de sus voces se juntaban al caer la noche, cuando susurraban a la luna que jamás serían felices si no podían 'ser libres, en compañía'.
Porque en este cuento los dos eran conscientes de que, lo que empañaba sus jóvenes miradas, era saber que 'el príncipe es azul, pero a nadie le importa el color de la princesa'."
FIN.