jueves, 30 de abril de 2015

Entre las lágrimas de tu voz.

Supe, por las tantas veces que nos dijimos "adiós", que tú preferías que me quedase y yo no quería haberme ido.

Alargamos la despedida como quisiera haber alargado la noche, si me hubieras pedido que te esperase, acariciando tu espalda hasta el amanecer.

Quería estar en el momento en el que decidieras que ya no me ibas a contar nada más sobre ti, porque te morías de ganas de abrazarme en silencio.

Quería que se cristalizaran mis sueños entre las lágrimas de tu voz, de madrugada.

Podría pedirte una despedida detrás de otra, con el único propósito de escucharte. De sentir tu voz muy cerca, acariciándome el oído y erizándome la piel.

Y, aunque encontrarte me resulta muy sencillo, ya no me basta con cerrar los ojos y que aparezcas para dibujarme una sonrisa.

Quiero ser la razón del brillo de tu mirada.

Quiero ese "adiós"  convertido en "no te vayas" y que se rompa mi alma gritando que me quedaré.

martes, 28 de abril de 2015

Y me entendía.

Le hablé a la luna de cómo notaba que se te aceleraba el pulso, poniendo la mano en tu cuello.
Y se rió.

Le hablé de todas nuestras noches y de cómo sabías ser verso, aún sin tener con qué rimarte.

"Notar cómo me siente, cada vez que acaricio su espalda y cómo tiembla su pecho cada vez que mis cosquillas le arrancan una carcajada... Eso es mágico."
Y la luna me entendía, que lo sé yo...

Le conté que te niego siempre, porque tanta perfección suena irreal.

Le confesé que te escondes entre mis brazos cuando las cosas se ponen difíciles y que susurras "acaríciame el pelo, haz que sienta que no ha pasado nada".

Y yo no sé si por las ganas que tenía de compartir nuestra historia, o porque la misma luna se enamoró de cada uno de tus detalles... Pero esa noche fue la más larga de todas las que recuerdo.

domingo, 26 de abril de 2015

¿Somos felices?

Somos lo que hacemos sin pensar y en quien estamos pensando al sonreír.

Somos los besos que dimos, los que daremos y los que guardaremos, bajo llave, al fondo del desván de nuestras ganas.

Somos el "dejarnos querer" de cualquier noche desesperada y el "querernos dejar sin aliento" de las mañanas de invierno.

Somos los "adiós" que suenan a "no te vayas" y los "quédate" que es mejor no pronunciar.

Somos una carcajada descompasada y el compás que marcan tus caderas.

Somos tu pestañear infinito y mi nerviosismo constante.

Somos todo lo que nos permitimos ser pero, sobre todo, seremos todo lo que queramos permitir.

"- ¿Somos felices?
+ Lo seremos."

Somos y seremos.

Porque nunca antes fuimos.

sábado, 25 de abril de 2015

El minuto en el que el mundo duerme.

"¿Te das cuenta de que el mundo nunca duerme?
Nunca. Ni por un instante..."

Y siempre, aún cuando te sacabas esas reflexiones del bolsillo, sin venir a cuento, resultabas increíblemente adorable.

Yo te regalaba una mirada de esas que gritaban "ojalá más gente como tú" y tú arrugabas la nariz porque no te contestaba.

"No me mires así, que pareces idiota..."
Y lo era, lo estaba... ¿Quién no se volvería idiota mirando esa sonrisa?

Quería que me abrazaras, que me regalaras la vida que sólo tus labios me saben regalar y que me dejaras dormirme entre tu pelo una noche más.

Quería otra historia para tatuar en las estrellas, otra excusa para acercarme a tus manos, otra razón para instalarme en tu piel...

Quería quedarme en aquel momento, e inventar ese minuto eterno en el que el mundo duerme y yo puedo disfrutar de tu mirada.

Inventar ese minuto para ti...
(Y, siendo sincera, también para mí.)

Porque es tu felicidad y, después, el resto.

jueves, 23 de abril de 2015

El no-tan-clásico cuento del príncipe y la princesa.

Esta historia debería empezar con el clásico "Érase una vez", por eso de los príncipes y las princesas.

Pues bien...

"Érase una vez (en un lejano país, donde comienzan todas las historias de este tipo) un príncipe que, al hacerse mayor, perdió todo el brillo de su mirada y una princesa que a medida que cumplía años, perdía esperanzas.

'¿Qué les pasa? ¿Por qué tan desilusionados? Si lo tienen todo... Belleza, riqueza y un futuro prometedor.' Murmuraban los habitantes de ambos reinos.

Pero el príncipe y la princesa, que no se conocían, guardaban silencio.

El príncipe no entendía que no pudiera llorar cada vez que sentía esa necesidad.
No entendía para qué tendría que casarse y prometer a una mujer que la haría feliz.

'¿Cómo puede ser feliz una mujer, con la vida que se supone que le tengo que dar? ¿Cómo, si sólo viviría para ser mi trofeo?
Así nadie puede ser feliz.'

La princesa estaba cada vez más cerca de dejar de ser "la princesa" y empezar a ser "la esposa de" cualquier futuro rey.

'¿Cómo es posible que, teniendo las ganas que tengo de vivir, me corten las alas?
¿Por qué no puedo salir y disfrutar?
¿Para qué tantas tierras, si ni siquiera puedo recorrerlas sola a caballo?'

El príncipe y la princesa, lejos de ser como los demás, sólo querían un amor.

Un amor de verdad.

De esos en los que se completan el uno al otro, en lugar de anularse.

De esos amores que parecían no existir cerca de sus reinos.

'Ese tipo de amor que no es dependencia, si no respeto', decía el príncipe.

'Esa persona que no te ate, si no que una su libertad a la tuya', decía la princesa.

Y, lejos de encontrarse, los ecos de sus voces se juntaban al caer la noche, cuando susurraban a la luna que jamás serían felices si no podían 'ser libres, en compañía'.

Porque en este cuento los dos eran conscientes de que, lo que empañaba sus jóvenes miradas, era saber que 'el príncipe es azul, pero a nadie le importa el color de la princesa'."

FIN.

martes, 21 de abril de 2015

Pre-posicionándote.

A disposición de tus maneras, de tus caprichos, de tus caderas...

Ante todo, tu mirada.

Bajo la luna, como la primera noche.

Cabe otra sonrisa, siempre, si es la tuya.

Con tus manos en mi nuca.

Contra la pared.

De las cosquillas en el estómago... ¡Mejor no hablar!

Desde que quisiste pronunciar un "nunca por separado".

Durante las horas que me resten.

En todos mis planes.

Entre mis labios y los tuyos, que no corra ni el aire.

Hacia el lugar en el que se crearon las ilusiones.

Hasta que nos apaguen la vida.

Mediante caricias y susurros que demuestren que te adoro.

Para quedarnos a vivir en el olvido de algún "para siempre".

Por jurar que no puedo seguir sin ti.

Según las ganas que tengamos de gritarnos que nos queremos.

Sin miedo, sin fuerzas, sin ropa...

Sobre el mapa de tu espalda.

Tras la huella de tus besos en mi piel.

Puede parecer que no eres, pero estás.
Y eres belleza en todas tus formas.

Como los delirios ahogados en voces que se sintieron... 
O los textos sin sentido, de madrugada.

domingo, 19 de abril de 2015

"Perdona..."

"Perdona, ¿podrías sonreír?"

Estaba siendo egoísta, le estaba rogando que me alegrara el día.

Era raro que sus labios no dibujaran un arco perfecto alrededor de sus dientes, encerrando en ellos toda mi felicidad.

Era raro, pero cuando ocurría... Cuando ocurría el mundo parecía mucho más cruel y lo triste de sus ojos apagaba mis ganas de vivir.

"¿Podrías?"

Me miró con toda la delicadeza que guardaban sus pupilas y, con lo suave de su voz, acarició mis oídos una vez más.

"Y tú, ¿podrías no dejar de insistir nunca?"

¿Quién querría dejar de insistir?
¿Quién, negándose la oportunidad de emocionarse con un gesto?

Y bailaron las lágrimas, en mis ojos, al compás del terremoto que provocaba su sonrisa.

viernes, 17 de abril de 2015

Que seas luz y sombra.

Me guiñó un ojo al marcharse y me pasé el resto de la tarde esperando a que volviera.

Tardó un rato en hacerlo y, cuando quise saber dónde estaba, ya me había perdido en el gris de sus ojos.

"Quiero volver a ver morir la tarde sobre tu espalda y que se meta el sol entre tu pelo.

Quiero que mires al horizonte mientras mi mente te fotografía una y otra vez.
Inmóvil, sonriente.

Que seas luz y sombra, calor y frío, certezas y dudas...

Quiero tatuar tus manos en mi piel y que mis labios sólo existan cuando los tuyos los rozan.

Quiero agotarte mil noches más y ayudarte a dibujar tus madrugadas, con tu voz, sobre mi cuerpo.

Quiero sentir ese miedo a que no regreses, cuando te vayas.

Pero quiero que quieras sentirme, de nuevo, cada vez que vuelves."

Y yo, que no creía en el amor a primera vista, lo daría todo por verme feflejada en su mirada cada segundo de mi vida.

lunes, 13 de abril de 2015

Sobre tus palabras.

Llegaste como una tormenta de verano, sin anunciar que volvías y haciendo llorar al cielo en una calurosa noche.

"Llévame lejos, como antes.
Como cuando recorríamos el mundo de la mano, sin movernos del sofá", susurraste.

Y entonces recordé cuánto te gustaban las tardes de domingo entre mantas y palomitas de mantequilla.

Recordé tus carcajadas y mis cosquillas.
Las botellas de vino convirtiendo las copas en fantasías que tantas veces separaron nuestros labios, para luego volverlos a  juntar.

Volví a soñar con tu mirada y, por segunda vez, fui feliz a tu lado.

Regresó tu voz para calmarme, alterándome.
Para alterarme, calmándome.

Como siempre, pero como nunca antes.

Y dormí.

Esa noche dormí sobre tus palabras.

"El pasado es inevitable, corazón.
El futuro, incierto.
No permitamos que el presente nos sea indiferente, por favor."

martes, 7 de abril de 2015

5.

- ¡No! No voy a cambiar de vida, no está entre mis planes.
¡Ni siquiera tengo planes!
Tengo lo que tengo y, poco o mucho, soy feliz así.
Siento si te cuesta entender que hay felicidades distintas a la tuya, pero no hay nada que quiera cambiar.
- Pero...
- ¡Pero nada! - gritó. - Mi vida no está en discusión.

Nunca había soportado que intentaran controlar su forma de vivir y, aunque adoraba a su familia, había sobremesas demasiado pesadas.

Se dejó mojar por la helada lluvia que llevaba varios días acompañando al otoño y cuando el agua había empapado parte de su alma, cerrando los ojos, se encontró con una luz cada vez más verde y conocida.

Abrió los ojos de repente y sintió.

"Primer error", pensó.

sábado, 4 de abril de 2015

No te vi llegar.

Te iba a escribir, pero no estabas.

Quería sentir el calor de tus manos un rato más y recordarte que no me gustan los besos que saben a tabaco.

Decirte que echo de menos las cosquillas que hace el eco de tu voz en mi garganta y cómo resuenan tus carcajadas mezclándose con mi aliento, mientras te beso.

Prometerte una vida, si me sigues susurrando que te gusta más mi ropa por el suelo y lo bien que "te sobra ese vestido".

Y descubrir que la belleza de la luna sólo existe si puedo ver que se refleja en tus ojos.

Te iba a pedir, esta noche, que te quedaras a mi lado... Pero no te vi llegar.

martes, 31 de marzo de 2015

4.

Llevaba un rato a solas cuando un destello verde, más que conocido, llamó su atención desde el fondo del bar.

Sonrió y se estremeció recordando la noche del sábado.

"Es una pena que el tiempo siempre siga su ritmo.
Podría haberme quedado en el sábado, al menos dos noches más."

Besó por última vez aquella botella y, retirándose el pelo de la cara, dibujó en su boca una sonrisa.

Nunca había sido una gran fan del color de la esmeralda, pero para todo hay excepciones.

Y encontrar un verde bonito no pareció tan complicado aquella noche.

Volvió al encuentro de aquellos ojos y, entre arrepentimientos, se despidió sin despedirse.

"Definitivamente, es una pena."

lunes, 30 de marzo de 2015

3.

Salió hacia el trabajo con una sonrisa como único maquillaje.

Se pasó revisión en el espejo del ascensor, se peinó las cejas, se despeinó el pelo, se guiñó un ojo y, tarareando su canción preferida, se fue.

Había quedado para comer y para cenar y, aunque lo intentaba, nunca entendería el motivo de tanto éxito.

- No soy sexy... Lo digo en serio, no lo entiendo.
Soy un desastre de más de 25 que comparte la custodia de un perro, sale casi todos los días y suda ron todos los lunes.
- Pero eres un desastre encantador y eso te hace sexy.
- Desayuno leche de soja, ¡joder! La leche de soja es cualquier cosa, menos sexy.

Y entre carcajadas y simplezas fueron pasando las horas.

¡Daba gusto trabajar con una compañera que convertía la oficina en un pequeño hogar!

"¿Os venís a tomar algo? La comida fue un desastre y la cena... ¡La cena dos!"

Ay... ¡Benditos mensajes en grupo! (A veces.)

Sabía que no dirían que no y, a medida que fueron llegando, se sentaron para compartir todos los detalles de sus ordenadas vidas y recomendar seriedad a la sonrisa más bonita, brillante, sincera y menos agobiada de todas las que se sentaban alrededor de aquella mesa. 

No aguantaron mucho, que los lunes empiezan desgastando y acaban por destrozar.

- ¿No os parece que el tiempo es algo demasiado estricto como para hacerle caso? Ya sabéis... Hagas lo que hagas, él sigue su ritmo.
- Entonces tú te quedas, ¿no?

Respondió guiñando un ojo y acercándose a la barra a cambiar la cerveza vacía por una que aún pudiera contarle una historia.

sábado, 28 de marzo de 2015

2.

Sudaron el colchón un rato más, agotando a un Leonard Cohen cansado de susurrarles "I'm your man" desde el salón.

En la ducha recordaron que habían jurado recoger el corazón al salir y, aún con el pelo goteando, se despidieron en el ascensor con un par de miradas cómplices y un beso en los labios.
De esos que se le dan a cualquiera.

No hubo intercambio de números, ni "¡llámame!", ni invitaciones a café.

Sabían que se volverían a ver, antes de lo que quisieran, y pasaría lo que tuviera que pasar.

"Un sábado largo", pensó al subirse al coche.

Y salió del garaje con esa sonrisa de quien no ha dormido nada, porque el insomnio mereciera la pena.

Las cuatro horas siguientes fueron tan agotadoras como la noche que llevaba colgada en las ojeras.

Le llovían preguntas "¿Quién era?" "¿Le conocemos?" "¿Edad?" y recomendaciones, claro... "A ver si te centras." "El tiempo pasa y..." "Ya no tenemos quince años."

Respondió como pudo sin dar muchos detalles y, echándole la culpa al cansancio, decidió volver a casa.

Tenía que dormir, que a los lunes les da igual que los sábados te enamores.

viernes, 27 de marzo de 2015

1.

"¡No me lo puedo creer!"

Salió corriendo de la cama y, poniéndose una camiseta como pudo, llegó a la puerta. Donde alguien extremadamente insistente tenía problemas para despegarse del timbre.

Era domingo.
Pero no un domingo de sofá, manta y café hasta las cuatro; alguien que te rescata a las seis y cine a eso de las nueve.
No.

Estaba resultando ser un domingo bastante entretenido.
De hecho era, todavía, sábado-noche.

Olvidó que existía la mirilla y estirando el brazo alcanzó la llave.

Podía ser cualquiera y su apariencia no era la más adecuada para recibir a (casi) nadie pero... ¡Ese repetición infernal de "din-don" la estaba volviendo loca!

"¿Quién puede timbrar con tanta insistencia, si no se está quemando la casa?", pensó.
"¡Ya no se respetan ni los domingos!"

Abrió.

- ¡Buenos días! Pensé que no ibas a abrir nunca...
¡Madre mía! Mira este salón... ¡Parece una pocilga!
Venga, vístete mientras yo recojo un poco esto, que nos vamos...

Siguió cotorreando mientras recogía todo a su paso, de camino a la cocina.

Era su mejor amiga y no había parado de regañarla desde que, sin permiso, cruzara la puerta.

"¡Mierda! Debe ser tardísimo...", pensó.

- ¡Eh! ¡Para! Deja todo como está... Te tienes que ir.

Lo entendió al instante.
Era tan mandona como inteligente y conocía a su amiga, dentro de lo posible, mejor que nadie.

- Te vamos a estar esperando. - Advirtió sonriendo.
- En hora y media estoy allí. - Aseguró.
- Media.
- ¿Una? - Rogó poniendo cara de pena.
- ¡Tres cuartos! No hay más margen.

Tuvo que aceptar.

- ¿Traes tú la bebida?
- Sí, como siempre.
- Una cosa más... ¿Vendrás sola?
- ¡Claro! ¿Por quién me tomas?

Cerró la puerta con una sonrisa tan brillante como grande y, aunque desvelada, se dirigió a la habitación para dar por finalizada la fiesta.

Pero, a veces, limpiar la escena del crimen lleva algo más de tres cuartos de hora...

Lo comprenderán.