miércoles, 8 de febrero de 2017
Sin prisas.
domingo, 5 de febrero de 2017
Los domingos.
miércoles, 1 de febrero de 2017
No te quiero tanto.
domingo, 29 de enero de 2017
¡Ya quisieran los aviones!
sábado, 28 de enero de 2017
Una y mil.
jueves, 26 de enero de 2017
Incapaz.
miércoles, 25 de enero de 2017
Ya es mala suerte.
martes, 24 de enero de 2017
Felicidades, madrina.
Cuando me lo contaron no sentí el frío de una hoja de acero en las entrañas... ¡Pero casi!
¡CINCUENTA! Que se dicen pronto, suenan a tanto y saben a tan poco...
Hoy cumple cincuenta años una de las mujeres más importantes de mi vida y, aunque no pueda estar en casa para celebrarlo, le deseo que tenga el día más especial del mundo y que, de alguna manera, sienta el calor de todo mi cariño.
Sensible, como la poesía de Bécquer.
Y, a veces, pesada como siete bolas de acero pegadas al tobillo...
Ella me enseñó que la vida es más fácil de lo que nos parece, que una discusión puede ser divertida y que no hay nada de malo en tener un humor más negro que el uniforme de un deshollinador...
Capaz de apoyarme en todas las locuras que se me puedan pasar por la cabeza y de creer en mí, aún cuando yo no confío.
Sólo me queda desearle lo mejor en su día, sonreír muy fuerte en su honor y mandarle un beso grande, grande, grande.
¡Felicidades, madrina!
Te quiero.
"No digáis que agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira;
podrá no haber poetas,
pero siempre habrá poesía."
viernes, 20 de enero de 2017
Que cala...
domingo, 15 de enero de 2017
Y humo.
Te echo de menos cuando las tardes de invierno pintan perezosas.
Que los sábados de baraja y birras, contigo lo eran también de besos y versos... Y humo.
Siempre supiste ser esa canción que, sin ser mi preferida, era la que mejor me hacía sentir.
Y ahora, que me cerraron el bar de la esquina y los gatos se escapan de los callejones, siento que te pertenezco como nunca antes.
Ahora, que no me resfrío porque no me abrazarás, ni me pongo triste porque no vendrán tus dedos a acariciarme el cuello.
Ahora que ya no "nos besamos tan despacio" como canta Sabina y que la poesía no me sabe a nada si no rompes a reír en medio de las estrofas.
Ni tus pestañas se acomodan en mis mejillas mientras consigo encontrar la claridad de mis ojos en el oscuro reflejo de los tuyos.
Ahora que está vacío el hueco de tus caderas en el que descansaban mis manos y Londres y Praga ya no me parecen tan buena idea.
Ahora, que sí, ya no.