viernes, 5 de agosto de 2016

Nunca. Más. Amor.

Siempre había creído que no había una sensación mejor que la de sentir cómo se mueve el suelo bajo tus pies en el aeropuerto, o en una estación.

Notar que algo está cambiando. 
Saberte rodeada de historias que empiezan y de historias que se terminan.

Reconocerte emocionada en cada reflejo, intentando entender un poquito de todo el sentimiento escondido en las lágrimas que se mueren en miles de rostros ajenos.

Siempre creí que no había nada más bonito.
Hasta el día que llegué a la vía con el tiempo pisándome los talones y vi cómo la rapidez de un Media Distancia hacía ondear su cabello.

En ese momento tembló el suelo de mi alma y mi corazón se dejó de tonterías. 

Era amor, podía reconocerlo. 

Jamás pude volver a quejarme porque un tren llegase con retraso. 

Jamás volvería a odiar a Renfe.

Jamás, algo tan breve e intenso. 

Nunca más, amor. 

Nunca, más amor.

jueves, 4 de agosto de 2016

La "vida sin".

Abro los ojos y clavo la mirada en el cielo. 
Los aviones me gritan que estás más cerca de lo que parece. 

Mi estrella está exactamente donde la había dejado. 

Me viene a la memoria el recuerdo de tu voz preguntándome por qué sé que esa es la mía.
Como si no te hubiese repetido millones de veces que es la que más brilla. La única que me avisa para que pueda encontrarla, aunque a veces juegue a esconderse. 

Igual que tus ojos en la oscuridad.

La brisa me golpea en la cara, mientras un grupo de adolescentes grita bajo la ventana.

Si vuelvo a cerrar los ojos puedo ver una de nuestras mañanas, en las que tu risa floja se burlaba de mi leche sin lactosa y mis galletas sin gluten. 

Solías repetir que me gusta la "vida sin" y que, de la misma manera, te gustaba mi amor. 

Sin medida, sin miedo, sin dobleces.

El tiempo, que hizo con nuestros planes lo que quiso, me dice que debo acostumbrarme. 

Siguen desfilando los aviones y yo, que pensé que nunca cambiaría, estoy empezando a creer que ya no me gusta la "vida sin".

Al menos no sin ti. 

domingo, 31 de julio de 2016

La luz natural.

Solías decir que querías una casa con muchas ventanas. Que no hay nada como la luz natural.

Voy a ser sincera contigo... Había planeado un futuro en el que lo teníamos todo. 

Había cerrado los ojos y te había visto sonreír al contártelo. 
Te había visto feliz.
Y besarme.

Besarme como sólo tú sabes hacerlo. Con media sonrisa, gesto de incredulidad y tu mano descansando sobre mi mejilla.

Te había visto corriendo por todas las calles de la ciudad, arrastrándome contigo a todos los rincones que querías descubrir y a los que habías descubierto antes de mí.

Había visto Barcelona a tus pies, rindiéndose a tus encantos.

Y a la señora que se pinta los labios en la terraza del bar, mirándonos mal. 

No sé cómo lo haces, pero sólo consigo planear un futuro si es contigo. 

Había diseñado una vida entera a tu lado y, ahora, todo lo que tengo son algunos metros cuadrados.

Y una ventana pequeña a la que nunca me asomo, para no recordar lo importante que es la luz natural. 

La luz de tus ojos.



jueves, 21 de julio de 2016

"Voy a volver a esperarte".

He llegado a casa y Andrés me dice que "voy a volver a esperarte, aunque no vuelvas del todo".

Tiene razón.
Supongo que nunca nada es "del todo", del todo.
Y supongo que entre gallegos nos entendemos.

Miro a mi alrededor y lo único que me parece real es el recuerdo de tu rostro.

Claro que voy a volver a esperarte. 
Una, mil y todas las veces que sea necesario. 

Porque no conocí a otra persona capaz de hacerme sentir tanto, con tan poco.
Porque si miro tu foto un ratito, aunque sea en pequeño y en privado, siento que todo irá bien. 

Y porque estoy segura de que a nadie le sienta la luna llena como a ti. 

Ahora te sueño. 
Te veré pronto. 


miércoles, 20 de julio de 2016

Papel de fumar.

A veces me paro a pensar en mí y descubro que, cuando me mira, me vuelvo frágil. 

Tiene el poder de convertir mi voluntad en papel de fumar.

En la distancia, sólo puedo recordar sus gestos.
Su voz, su acento y el sonido de su risa, me parecen tan lejanos que siento que no podré alcanzarlos. 

No deja de hacerme gracia su cara, cada vez que me escucha decir que no creo en el matrimonio. 
Es, casi, como si me estuviera diciendo que sí. 

Se lo oculto, pero me gusta pensar cómo sería ceder...

Lo cierto es que estaría radiante y yo sería feliz. 

No tendría ojos para nada más que su piel enfrentándose a la luz. 
Ganándole otra batalla a la belleza. 

No me importaría firmar ese momento para siempre y dejar que sus deseos me arañasen la coraza para acariciarme el corazón.

No me importaría un juramento en una playa y el viento desordenándole el cabello. 

No me opondría a una boda, si el humo de fumarse mis principios terminase en su boca. 

domingo, 17 de julio de 2016

El mar no es una sensación.

+ Descríbeme el mar.

- No podría. Es una sensación que no sé explicar.

+ El mar no es una sensación.

- Lo es, cuando me recuerda a su abrazo intenso y a sus besos de sal. 
Lo es, cada vez que recuerdo su forma de acariciar la arena, dibujando círculos con su dedo y sonriendo a contraluz de un sol que no puede hacer más que envidarla. 
Lo es, cuando sabe a libertad y a la prisa de sus pies escapando de las olas.

Claro que el mar es una sensación. 
Es la sensación de haber vivido todo lo más grande que se puede vivir y de haberlo visto reflejado en sus pupilas. 

Y eso, como todo lo que sus manos provocaban en mí, no podría explicarlo. 

viernes, 15 de julio de 2016

Al final de la noche.

Sentí un escalofrío y, a destiempo, una caricia que no acariciaba como las suyas. 

Me había jurado a mí misma que no volvería al amor "de prestado" y había vuelto a fallar. 

Me faltaba su risa al fondo del local y unos ojos sinceros al final de la barra.
Al final de la noche.
Al final, en su cama. 

Y es que, cuando una se acostumbra a unos besos que saben cómo doler, no hay ginebra que cure las heridas del alma.
Ni besos sin dolor, capaces de llenarla.

No quiero mentirle. Hubo otros cuellos, otras manos y otras caderas en las que dejé que se pusiera mi sol, con la esperanza de ver amanecer otra ilusión.

Pero, cuando algo es imborrable, no importa lo perfecta que pueda parecer la alternativa.

Es como si algún loco pretendiera olvidar a Chavela, porque existe Lila. 

martes, 12 de julio de 2016

Todo es temporal.

Acércate.

Déjame escribir sobre tu espalda diez minutos. Sólo diez. 

Permíteme deslizar mis dedos sobre tu piel, inventándome la historia que tú me pidas. Como hacíamos antes. 

Vuelve a ser el personaje principal de mi realidad y pídeme que rediseñe tus costillas. 

Oblígame a perderme, una vez más, en la forma de tu ombligo, mientras rodeas mis ganas con tus piernas. 

Sentiré que he vuelto a casa cuando me pierda entre tu pelo y, aunque jures que no me vas a perdonar por volver a dejarte, haré que se te olvide que todo es temporal.

Porque no hay amores eternos, ni destinos definitivos. 
Pero lo que se me queda dentro del pecho cuando te rozo... Ay, corazón. 
Eso sí que no se borra. 

Acércate, que creo que te puedo demostar que tengo razón.

Deja que te tatúe el alma, desde la piel.

domingo, 10 de julio de 2016

Dijiste que sí.

Siempre te miraba y, aunque de lejos, sabía que eras tú.

Me bastaron tres segundos para sentir que quería arrancar de tu mirada todo lo que la empañaba.

"Crearemos recuerdos nuevos. Recuerdos que te hagan sonreír y sean sólo tuyos y míos."

Y dijiste que sí. 

Te pedí que nunca dejaras de darme paz, de hacerme sentir que los problemas no existen cuando estoy a tu lado. 

Te convertiste en las siete notas del pentagrama de mi vida y sonaste a melodía en la flauta más dulce de todas.

Eras bemoles y sostenías mi vida.
Supiste ser música y destrozaste los silencios.

Ahora te recuerdo y me sabes a casa, a morriña, a verano fresco.

Ahora que me muero por ti, me mata el no verte.

Pero tú despiertas muy lejos de mí y yo prefiero pensar que estás cuidando mi mar, para verlo reflejado en tus ojos cuando vuelva y saber que todo sigue como siempre.

sábado, 2 de julio de 2016

Querido julio...

Te abrazo, julio.

Te abrazo con la fuerza con la que, el que lo perdió todo, se abraza a la última esperanza. 

Te abrazo porque eres alegría y morriña.
Porque eres verano. 

Me aferro a tus costuras con seguridad, con ganas de exprimirte y que saques lo mejor de mí.

Y vamos a llevarnos bien. Lo sé.

Te abrazo, de nuevo, julio. 

Lo hago porque sabes ser ella, porque me acercas su recuerdo y me calmas por las noches desde que no están sus manos. 

miércoles, 29 de junio de 2016

"El Rocanrol de los idiotas."

Todo lo que tengo, me cabe en el bolsillo de cualquier vaquero viejo.

Un bono de bus con pocos viajes, una foto en la que sales siendo protagonista de mi vida y un corazón gastado. 

Llovía muy fuerte cuando te vi marchar. 
Ahora lluevo yo, con fuerza, sobre las aceras de una ciudad que no me conoce.
Y llueve tu recuerdo cada vez que cierro los ojos. 

Aprieto fuerte los párpados, buscándote, y apareces sonriendo. Siempre sonriendo. 
Porque es lo que haces cuando me miras.

Te veo de lejos y suena, para mí, "El Rocanrol de los idiotas".

Y de lejos, que siempre ha sido lo más cerca que hemos estado, me vuelves a dar razones para creer. 

"A mí no me quería una mujer, a ti se te moría una ciudad."



domingo, 26 de junio de 2016

Al mar y a ti.

Hay domingos de diferentes azules y diferentes azules dentro del mismo mar. 

Azules que me recuerdan a tu nombre, a tus ojos, a tu pelo, a cada uno de tus delicados movimientos y a tu forma de deslizarte entre mis penas con tu sonrisa inquebrantable. 
A las ganas que tengo de volver a ser yo, y poder serlo contigo.

Domingos de "venga, ¡échale huevos!" y acabar repitiendo tu nombre, como si fuera el estribillo de mi vida, sólo para comprobar que sigue sonando igual de bonito que siempre. 

Es pronto para echaros de menos. 
Al mar y a ti. 

Pero supongo que hay cosas que son inevitables y yo soy de esas a las que, si les falta el mar, les falta la vida. 

Te seguiré buscando en todos los azules de los mares a los que me lleve tu recuerdo, intentando descifrar qué es eso que me gritan las olas cuando pienso en tu mirada y tu media sonrisa.

Y lo haré hasta que me dejes conocer el sabor de tus besos sobre la arena de la playa que elijas, cuando quieras visitarme.

domingo, 12 de junio de 2016

Después, domingo.

Después de tu sábado, corazón, siempre llega mi domingo.

Después de que las mariposas del estómago se entretengan con los placeres de la vida, me veo obligada a destilarte durante horas. 

A veces me muero por buscarte y decirte que quiero que seas más que las ganas que te tengo. 

Llamarte y mirarte a los ojos para invitarte a uno de mis domingos torpes, en los que sólo puedo atormentarme con el recuerdo de haberte visto sonreír. 

No suelo conseguir reproducir en mi cabeza el sonido exacto de tu voz, pero mataría por saber cómo suenas diciendo mi nombre.

Quisiera que fueras testigo de ese día que parece haber sido diseñado para estar en cama, leer un rato y comer mal. 

Y acariciarte la espalda hasta que te duermas.

Y sentir que estás. 

Y poder seguir soñando contigo, pero contigo.


jueves, 2 de junio de 2016

Volveremos a ser.

Si alguna vez fuimos, te prometo que volveremos a ser.

Porque yo no he vuelto a subirme a un avión, llorando de emoción, en mi puta vida. 
Y con el tiempo descubrí que, si los viajes no me llevan a ti, no me interesa volar.

No me creo el cuento de que los amores hay que firmarlos y me sigo perdiendo en la guerra si no encuentro tu paz. 

He tropezado con una sonrisa de paso y han vuelto las ganas de verte. 
Habían emigrado.

Los besos que me debías, me hirieron.
Me mató el pecado. 

Mi voz ya no tiembla si pronuncio tu nombre.
Y lo bien que te sienta mi frío, aunque te siga sobrando el abrigo, me rompe. 

Esta vez te llevaré a donde no existe la distancia y querrás quedarte. 

Volaremos lejos y ya nunca más podré volver a rimarte.

miércoles, 1 de junio de 2016

"Sentimiedo".

Estoy en una calle sin salida, creo que se llama sentimiento. 

Es una sensación que me agobia, pero me hace feliz.
Me apetece y me asusta, con la misma intensidad.

Leí en alguna parte que, cuando te pasa eso, ya es tarde. Ya estás jodida. 

Puede que sea cierto y que este texto no tenga ni pies, ni cabeza... Pero dejadme que os hable un poco más sobre ese lugar. 

Está sonando una canción. Es brasileira y dice algo así como que "si es cosa de mujeres, tiene marca de pintalabios". 

Puede que mi traducción no sea perfecta. 

Cierro los ojos y me empapo de ese calor húmedo que me acerca al recuerdo de algunas noches, en las que fui feliz soñando con eso que ahora me está rompiendo el alma.

Sé, de la felicidad, lo que me dejó ver: que sólo es real si está sobre su rostro, en su sonrisa y dentro del brillo de sus ojos. 

De nuevo esa sensación. 
A mí me gusta llamarla "sentimiedo".

Tengo el deseo de apretar los párpados muy fuerte y volver a escuchar su voz diciéndome "te quiero" sin dudar, sin temer, como quien corre con los cordones desatados.

Quiero instalarme en ese momento y vivir aterrada en el eterno recuerdo de lo bonita que es. 

Querer y temer. 

¡Que diferentes parecen y qué parecido se sienten!