Juras que no sabes cómo hablarme, que no encuentras excusa.
“Tienes cinco idiomas para elegir, más fácil no te lo puedo poner...”
Te enfadas conmigo porque dices que siempre me lo tomo todo a broma.
Y contigo, porque no puedes evitar que te encante que lo haga.
Tengo una idea, a ver qué te parece:
Vuelve a beber hasta obligarte a llamarme.
Ya buscaremos una excusa de resaca.
Y si no sabes qué decir y consigues dejar de pensar, no te preocupes...
Que al corazón no lo calla ni Dios y el alcohol le da alas.
Arriesga, que te debo la ilusión y un par de cañas.
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