Te susurro que “Diciembre ya es inevitable” y te enfadas porque nunca me entiendes cuando hablo bajito.
Sin embargo tú lo haces y, sin querer, suenas a música.
Voy a apretar fuerte los párpados para pedir que nunca te canses de contarme tus cosas y de hacer planes en voz alta.
Voy a cruzar mis dedos con los tuyos, para que seas mi banda sonora todo el mes.
Porque no sé qué será de mis ojeras si me sigues destrozando madrugadas así, de esta manera.
Pero supongamos que en mi lista de proyectos inmediatos no está dormir.
No, de momento.
No, mientras suenes.
No, mientras suenes.
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