Los sábados por la noche puedes dejar mudo al mundo con toda tu belleza, pero a mí me sigues gustando tanto (o más) los domingos de resaca.
Cuando abrazas con timidez y cara de sueño y las olas de tus ojos me arrastran a la orilla de tu playa.
Puede que te suene a broma, pero acabo de decidir que si hay un motivo por el que tenga que ser recordada... Quiero que sea por haberte querido de esta manera, con toda mi locura.
Por haberme muerto en cada uno de los pliegues de tu espalda y haber resucitado a la primera señal de “¡Atención! ¡Curva peligrosa!” que colgaste de tus caderas.
Por haber perdido el norte, dejando que se me arrugue hasta la piel del alma al pasar horas dentro de ti.
Y si la inspiración de los poetas es el desamor, no tengas miedo...
Tú ven y destrózame el argumento, que será que la poesía no era lo mío.
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