Que me dices que te mueres por tejer tu futuro en mi mirada.
Y yo estoy deseando matarte de ganas a la altura de mi encaje, cuando te muerdes el labio y me enseñas los dientes.
Y empiezan a pasarnos cosas.
Y empiezo a tener miedo.
Pero no es miedo a perder.
Es miedo a salir herida después de haber ganado.
Y decidimos callarlo.
Pero volvemos a caer, justo antes del último intento por mantenernos en pie.
Y me fallan las piernas donde empiezan las tuyas.
Donde no me importaría morir, rendida ante la inmensidad de tu sonrisa.
Ya no hay marcha atrás.
Ya nos ganamos.
Ya estoy tan perdida como tú.
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