miércoles, 5 de septiembre de 2018

Me conformo.

Escucha todo lo que tengo que decirle sin perder la sonrisa y, entre palabras de consuelo, me ayuda a encontrarme. 

Cada vez que habla, las palabras separan sus labios de una forma tan sutil, que escucharla es poesía. 

Y se va, siempre sin mirar atrás.
Sin despedirse de mí. 


Y da igual las veces que la llame, grite su nombre o le diga que la echo de menos... Ella nunca se gira.

Después despierto y entiendo que la sensación de abandono no es tan real. 
Que siempre que la necesito, sabe cómo estar.

Que me cuida y me quiere como soy.
Que, de alguna manera y no sé bien por qué razón, está orgullosa de mí. 

Y quisiera soñar con ella todos los días, para sentir que no se fue. 
Pero con que su voz me abrace el alma de vez en cuando, me conformo.

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