Me toca volver a odiar los domingos, como antes de que llegaras a mi vida.
Y ya me duelen las muñecas de echarte de menos.
Me duelen casi tanto como el corazón.
Tengo el alma cansada de ponerle otras caras a tu recuerdo, para follármelo en el baño de cualquier bar.
Renunciaría a todo, con la condición de que me volvieses a mirar desde abajo, jurándome que desde esa perspectiva la vida no necesita filtros.
Y que nos hiciéramos otras mil fotos como las que nunca me pasaste, porque las querías solo para ti.
Para tener algo de mí que no tuviese nadie más.
Me quedaría a vivir en todas tus tonterías.
(Y en la arruga que se te forma en el lado izquierdo de la boca cuando te ríes.)
No hay comentarios:
Publicar un comentario