Tenía aires de estrella de rock, un aro en la nariz y un acento nada parecido al mío.
Era, probablemente, poco mayor que yo y pisaba con una seguridad que desestabilizaba a todos los que se enlataban en el Underground en hora punta.
Hablaba un castellano torpe, sonreía mucho y miraba con la misma intensidad con la que besaba.
Sus manos acariciaban con una sensibilidad que no pegaba con su bomber jacket (que parecía de propaganda) y sus botas militares.
El amor nos duró quince minutos de espera, tres trenes perdidos y seis paradas.
El recuerdo lo tendremos un rato más.
"Next station: West Brompton."
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