Me encanta ver cómo se ríe de lo pálido de mis piernas, mientras las dibuja con la delicadeza de sus bronceadas manos.
Es increíble la sensibilidad con la que me abrigan sus caricias morenas, esas noches en las que el frío nos hace recordar que el verano aún no ha llegado.
E hipnotizada por lo bonito de sus dedos infinitos, que interpretan en mi alma melodías de otoño, aguanto los caprichos de las flores...
Entonces le confieso que el verano me da menos miedo si me abraza por la espalda y me jura que el calor que hará, lo decidiremos a besos.
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