Hoy es de esos días en los que la Luna sale antes porque se muere por ver al día y después, cuando se escapa el sol, clava en mí todo su descaro.
Me recuerda que no te encuentro con la facilidad con la que quisiera y me grita que, desde algún rincón adornado con tu aroma, tú también la miras.
A veces lo pienso y prefería nutrirme de tus mentiras, alimentarme de tu aliento y, como si no me costara, seguir adelante.
Eres el superlativo de los adjetivos más bonitos y la parte más bonita de lo complicado.
Eres el escozor de las heridas que se curan con vinagre y la cicatriz más hermosa que decora mi corazón.
Podría conjugarte con todos los verbos, excepto el "olvidar" y créeme si te digo que ninguna poesía se puede comparar con el brillo de tus ojos en la noche y la intensidad de tu sonrisa al despertar.
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