sábado, 18 de enero de 2014

Sobre todo.

Empiezo a echar de más la idea de echarte de menos y, créeme, me empieza a quemar la de encontrarte de nuevo.

Puedo ponerme ridícula y decirte que, hace un año, te extrañaba igual que hoy pero a muchos más kilómetros.
Y te garantizo que, echar de menos, no es una cuestión de distancia.

Puedo intentar explicarte por qué (o cómo) tu risa cambiaba mi estado de ánimo en cuestión de segundos. Puedo intentarlo, pero no lo conseguiré.

Era como si algo explotara en medio de mi pecho y, después de instalarse en mí, recorriera cada esquina de mi cuerpo acelerando el corazón y haciéndome regalarte una sonrisa.

Puedo decirte que oigo tu voz por los rincones, que extraño tus manías y el olor de tu perfume por las escaleras. Que, cada vez que alguien mete la pata, me acuerdo de tus idas y venidas, de tus enfados y de tu boca.

Sobre todo, de tu boca.

Gritando, comiendo, hablando, mordiendo, besando, cantando.

Sobre todo, mordiendo.

Puedo decirte todo lo que siento.

Sobre todo, que siento haberte perdido sin que me hayas encontrado.

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