jueves, 10 de octubre de 2013

Hasta reventarme el pecho.

Que ya no puedo hablar de amor y no sé si es por tu culpa o gracias a ti.

Voy a encontrar ese sitio en el que gritar tu nombre hasta reventarme el pecho y soltaré, en ese grito, todo lo que te quiero decir y me guardo.

Me imagino tu perfil, visto desde mi asiento, iluminado por el sol de la mañana.

Hemos escapado y se nos está haciendo de día.

Todas las noches, mientras duermo, vemos amanecer en el mismo coche. Llegando al lugar donde seremos felices por el resto de nuestra vida.

Tu mano sobre mi pierna, mi sonrisa tatuando la felicidad en mi rostro y una promesa de eternidad que regala, a nuestras miradas, el brillo que necesitan.

Me imagino tus manías, la música que escuchas, tu cara al despertar y tus movimientos mientras duermes.

Me sorprendo llorando cuando, al final del sueño, siento que te alejas, que te pierdo, que te escapas, pero sin mí.

Y me despierto para comprobarlo.

No estás, nunca has estado y dudo que algún día lo hagas.

Pero te quiero y me muero de ganas de que te enteres.

¿A qué esperas?

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