martes, 1 de octubre de 2013

Si es.

"En algún lugar, ahora es mañana. En otro, es ayer. Y aquí, a tu lado, a mí me da igual cuando sea, si es."

Me arañó el corazón con sus palabras y, jurándome no volver a equivocarse de camino, me pidió que sujetase su mano con fuerza.

Era de esos días en los que yo perdía la voluntad cuando sus palabras acariciaban el aire.

De esos en los que sentirme suya me aportaba más que quedarme conmigo.

La libertad compartida en los días en los que la soledad se sabía sobrando.

Yo escribía sobre su cuerpo canciones de amor que luego cantaba cuando se alejaba.

Supo que, alrededor de su ombligo tenían lugar todas mis guerras y que, en las curvas de su espalda sonaban, para mí, las más hermosas melodías.

Lo supo un día de esos en los que mi juicio estaba de vacaciones por culpa de sus caricias.

"Hazme perder la vergüenza", me pidió. "Que la cabeza siempre fui de perderla por cualquiera".

Y fuimos dibujando el mapa de nuestro destino mientras caminábamos.
Parando para descansar, pero sin soltarnos.

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