Cuando te paras a observar con detenimiento algo que crees de lo más normal y, a veces, hasta asqueroso, es cuando realmente te das cuenta de que de las cosas más insignificantes también se aprende.
¿Cómo un animal (que parece) tan frágil como una araña logra coordinar cada uno de los movimientos de sus ocho patas?
Con calma, cauta, parándose a decidir en el punto en el que no está segura. Defendiéndose de lo que le cree peligroso.
Observa, comprueba y actúa.
Ella, con sutiles movimientos casi imperceptibles se desplaza rápido, segura de sí misma, sin temor.
Y nosotros, el ser más inteligente (que se dice), nos cuesta dar dos pasos con seguridad y apenas medimos las consecuencias de nuestros actos.
Nos defendemos antes de ser atacados, actuamos por instinto, como el animal más primitivo, sin cabeza, sin sentimiento, buscando nuestro propio bien, hundiéndonos poco a poco en el egoísmo.
"Te pido perdón, de la única forma que sé"
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