lunes, 29 de agosto de 2016

Aterrizarte.

Voy a hacer un despegue de emergencia que me lleve a estrellarme contra tus brazos.

Voy a romper el cristal, como en situación de peligro, y saltaré sin parcaídas al centro de tu alma. 

Sin chaleco, ni mascarilla, ni miedo.

Sin pensarlo dos veces, como se hacen las cosas que se desean realmente. 

Ya sé que no ha llovido nada desde la última vez, pero la prisa me ha llevado a ahogarme entre los litros que no lloramos.

He tenido que perderme toda tu prosa y estoy vacía de morriña y llena de besos para darte. 

Un taxímetro estropeado me habla de lo despacio que pasa el tiempo cuando no te tengo cerca, de lo caro que sale echarte de menos, de lo difícil de seguir sin ti.

Y es gracioso, porque ocultarte no sirve de nada. 

Porque todo el mundo te conoció en el brillo de mis ojos, como se conoce al que corre hacia la puerta de embarque después de que hayan dado un nombre y un último aviso por megafonía. 

Te he volado, pero ya se acabó. 

Ya toca poner los pies en el suelo.

Y aterrizarte para que podamos despegar de nuevo.

martes, 23 de agosto de 2016

Cinco minutos más...

Suena el despertador. Es el tuyo.

"Cinco minutos más, por favor."

Te lo he dicho mil veces, no soporto ver cómo te vas. 

Te pido cinco minutos más, todos los días. 
Cinco minutos y diez besos. 

Ocho pasos son los que necesitas dar para llegar a la puerta.
Infinitas las veces que se balancean tus caderas en ese paseo, en menos de veinte segundos. 

Siempre te giras antes de cerrar, porque sabes que te miro con los ojos entreabiertos.
Porque sabes que, aunque no hagas ruido, yo te estoy sintiendo y voy a intentar soñar contigo el rato que me queda. 

A veces vuelves y me das otro beso. 
En la frente, como los de la canción de la chica fea de Sabina.

Y ya son once. Impar. Como me gusta.

Sonríes, calentándome un poquito el alma. 
Haciendo que me olvide del frío que dejas en mi colchón.

Otra vez vuelvo a echarte de menos. 

Todo el día. Todo el rato. Hasta los próximos "cinco minutos más".

Y me vuelves a tener contando las horas, los minutos y hasta los segundos, con las mismas ganas con las que cuento tus pequeños detalles.

Quién me lo iba a decir a mí, que soy de letras. 

lunes, 22 de agosto de 2016

Las buenas y las borrosas.

Quiero verle los dientes a la vida, contigo de la mano.
Y librarle todas las batallas que nos tenga preparadas.

Quiero verte los dientes a ti, cuando sonríes porque hago el payaso. 
Y que me muerdas las carcajadas que se escapan de mi garganta para morir a la altura de tu ombligo, en la curva de tu espalda o en el botón imposible de tus vaqueros gastados.

Quiero tus ojos brillando y un sujetador en el suelo.

Quiero todas las fotos en las que sales. Nuestras o sólo tuyas.
Las buenas y las borrosas. 

Quiero que vuelvas a decir "me voy a levantar", en tono de amenaza. 
Sabiendo que no hay nada que deteste más que verte salir de mi cama. 

Quiero tardes, mañanas, madrugadas, siestas y desvelos a tu lado.
Ser tus sueños, la heroína de tus pesadillas y lo único que te calme en tus noches de enganche a la vida. 

Quiero. Sí, quiero.

Sí, contigo. 

Sólo. 

sábado, 20 de agosto de 2016

Contaré hasta diez.

Hagamos un trato: No te diré lo que me gusta.

Te voy a contar, con detalles, todo lo que molesta. 
Te voy a cantar cada uno de mis defectos, cada una de mis manías.

Después cerraré los ojos y contaré hasta diez. Se me hará eterno, lo sé. 

Pero cuando los abra ya habrás decidido si quieres quedarte y dejarte sorprender cuando sonría sin motivo. 

Te lo voy a poner fácil, porque la vida ya se empeña en complicarlo todo. 

Yo, lo único que busco es quererte como te mereces que lo hagan y que seas feliz.

Y que no me cueste madrugar porque al abrir los ojos te veré, con el cabello revuelto y cara de lunes. 

Que me alargues las mañanas con tus quejas y me acortes las noches con tus prisas.

Y que sepas que sí, que esa sonrisa es porque me encanta sentirte al despertar. 

Entonces podré decirte que tú completas la lista de cosas que me gustan. 
Que eres la única. 

Y se me llenará el alma, mientras se me vacía el miedo.

Y sonreirás tú también para hacerle competencia al verano, pero en invierno.

jueves, 18 de agosto de 2016

Mi color favorito.

Te ríes de mí por decir "sacapuntas", porque te suena raro. Te hace gracia.

Apareces por detrás, me desordenas los lápices y te alejas sonriendo y dando saltos. 
Disfrutando de lo mucho que odio que me hagan eso. 

Eres el dibujo más relajante que las yemas de mis dedos se atrevieron a colorear y sabes ser brillo en los días más grises.

Tú, con tu puto arcoíris, obligándome a negar la oscuridad.

Tú, que te has convertido en mi color favorito.

miércoles, 17 de agosto de 2016

Con la rabia...

Te sueño, una vez más, y mis dedos se despiertan con la prisa de volver a recorrerte. 
Con la rabia de sentir toda tu piel tan lejos, que duele. 

Mil veces me he roto la garganta gritando sobre tu pecho que eres como el sol. 
Que cuánto más lejos estás, más quemas.

Supiste ser, sin saberlo y sin querer, vida.

Y apuesto esa misma vida, a que seguirás siendo la fuente donde todas las palomas se posen para beber.

Y yo seguiré siendo la imbécil que escapa de su aleteo, por miedo a que las mariposas de tu sonrisa se instalen en mi barriga. 

Aunque tenga sitio para todas.

Aunque cada vez que suene Loquillo, se me encienda el alma al imaginarte tarareando. 

viernes, 5 de agosto de 2016

Nunca. Más. Amor.

Siempre había creído que no había una sensación mejor que la de sentir cómo se mueve el suelo bajo tus pies en el aeropuerto, o en una estación.

Notar que algo está cambiando. 
Saberte rodeada de historias que empiezan y de historias que se terminan.

Reconocerte emocionada en cada reflejo, intentando entender un poquito de todo el sentimiento escondido en las lágrimas que se mueren en miles de rostros ajenos.

Siempre creí que no había nada más bonito.
Hasta el día que llegué a la vía con el tiempo pisándome los talones y vi cómo la rapidez de un Media Distancia hacía ondear su cabello.

En ese momento tembló el suelo de mi alma y mi corazón se dejó de tonterías. 

Era amor, podía reconocerlo. 

Jamás pude volver a quejarme porque un tren llegase con retraso. 

Jamás volvería a odiar a Renfe.

Jamás, algo tan breve e intenso. 

Nunca más, amor. 

Nunca, más amor.

jueves, 4 de agosto de 2016

La "vida sin".

Abro los ojos y clavo la mirada en el cielo. 
Los aviones me gritan que estás más cerca de lo que parece. 

Mi estrella está exactamente donde la había dejado. 

Me viene a la memoria el recuerdo de tu voz preguntándome por qué sé que esa es la mía.
Como si no te hubiese repetido millones de veces que es la que más brilla. La única que me avisa para que pueda encontrarla, aunque a veces juegue a esconderse. 

Igual que tus ojos en la oscuridad.

La brisa me golpea en la cara, mientras un grupo de adolescentes grita bajo la ventana.

Si vuelvo a cerrar los ojos puedo ver una de nuestras mañanas, en las que tu risa floja se burlaba de mi leche sin lactosa y mis galletas sin gluten. 

Solías repetir que me gusta la "vida sin" y que, de la misma manera, te gustaba mi amor. 

Sin medida, sin miedo, sin dobleces.

El tiempo, que hizo con nuestros planes lo que quiso, me dice que debo acostumbrarme. 

Siguen desfilando los aviones y yo, que pensé que nunca cambiaría, estoy empezando a creer que ya no me gusta la "vida sin".

Al menos no sin ti. 

domingo, 31 de julio de 2016

La luz natural.

Solías decir que querías una casa con muchas ventanas. Que no hay nada como la luz natural.

Voy a ser sincera contigo... Había planeado un futuro en el que lo teníamos todo. 

Había cerrado los ojos y te había visto sonreír al contártelo. 
Te había visto feliz.
Y besarme.

Besarme como sólo tú sabes hacerlo. Con media sonrisa, gesto de incredulidad y tu mano descansando sobre mi mejilla.

Te había visto corriendo por todas las calles de la ciudad, arrastrándome contigo a todos los rincones que querías descubrir y a los que habías descubierto antes de mí.

Había visto Barcelona a tus pies, rindiéndose a tus encantos.

Y a la señora que se pinta los labios en la terraza del bar, mirándonos mal. 

No sé cómo lo haces, pero sólo consigo planear un futuro si es contigo. 

Había diseñado una vida entera a tu lado y, ahora, todo lo que tengo son algunos metros cuadrados.

Y una ventana pequeña a la que nunca me asomo, para no recordar lo importante que es la luz natural. 

La luz de tus ojos.



jueves, 21 de julio de 2016

"Voy a volver a esperarte".

He llegado a casa y Andrés me dice que "voy a volver a esperarte, aunque no vuelvas del todo".

Tiene razón.
Supongo que nunca nada es "del todo", del todo.
Y supongo que entre gallegos nos entendemos.

Miro a mi alrededor y lo único que me parece real es el recuerdo de tu rostro.

Claro que voy a volver a esperarte. 
Una, mil y todas las veces que sea necesario. 

Porque no conocí a otra persona capaz de hacerme sentir tanto, con tan poco.
Porque si miro tu foto un ratito, aunque sea en pequeño y en privado, siento que todo irá bien. 

Y porque estoy segura de que a nadie le sienta la luna llena como a ti. 

Ahora te sueño. 
Te veré pronto. 


miércoles, 20 de julio de 2016

Papel de fumar.

A veces me paro a pensar en mí y descubro que, cuando me mira, me vuelvo frágil. 

Tiene el poder de convertir mi voluntad en papel de fumar.

En la distancia, sólo puedo recordar sus gestos.
Su voz, su acento y el sonido de su risa, me parecen tan lejanos que siento que no podré alcanzarlos. 

No deja de hacerme gracia su cara, cada vez que me escucha decir que no creo en el matrimonio. 
Es, casi, como si me estuviera diciendo que sí. 

Se lo oculto, pero me gusta pensar cómo sería ceder...

Lo cierto es que estaría radiante y yo sería feliz. 

No tendría ojos para nada más que su piel enfrentándose a la luz. 
Ganándole otra batalla a la belleza. 

No me importaría firmar ese momento para siempre y dejar que sus deseos me arañasen la coraza para acariciarme el corazón.

No me importaría un juramento en una playa y el viento desordenándole el cabello. 

No me opondría a una boda, si el humo de fumarse mis principios terminase en su boca. 

domingo, 17 de julio de 2016

El mar no es una sensación.

+ Descríbeme el mar.

- No podría. Es una sensación que no sé explicar.

+ El mar no es una sensación.

- Lo es, cuando me recuerda a su abrazo intenso y a sus besos de sal. 
Lo es, cada vez que recuerdo su forma de acariciar la arena, dibujando círculos con su dedo y sonriendo a contraluz de un sol que no puede hacer más que envidarla. 
Lo es, cuando sabe a libertad y a la prisa de sus pies escapando de las olas.

Claro que el mar es una sensación. 
Es la sensación de haber vivido todo lo más grande que se puede vivir y de haberlo visto reflejado en sus pupilas. 

Y eso, como todo lo que sus manos provocaban en mí, no podría explicarlo. 

viernes, 15 de julio de 2016

Al final de la noche.

Sentí un escalofrío y, a destiempo, una caricia que no acariciaba como las suyas. 

Me había jurado a mí misma que no volvería al amor "de prestado" y había vuelto a fallar. 

Me faltaba su risa al fondo del local y unos ojos sinceros al final de la barra.
Al final de la noche.
Al final, en su cama. 

Y es que, cuando una se acostumbra a unos besos que saben cómo doler, no hay ginebra que cure las heridas del alma.
Ni besos sin dolor, capaces de llenarla.

No quiero mentirle. Hubo otros cuellos, otras manos y otras caderas en las que dejé que se pusiera mi sol, con la esperanza de ver amanecer otra ilusión.

Pero, cuando algo es imborrable, no importa lo perfecta que pueda parecer la alternativa.

Es como si algún loco pretendiera olvidar a Chavela, porque existe Lila. 

martes, 12 de julio de 2016

Todo es temporal.

Acércate.

Déjame escribir sobre tu espalda diez minutos. Sólo diez. 

Permíteme deslizar mis dedos sobre tu piel, inventándome la historia que tú me pidas. Como hacíamos antes. 

Vuelve a ser el personaje principal de mi realidad y pídeme que rediseñe tus costillas. 

Oblígame a perderme, una vez más, en la forma de tu ombligo, mientras rodeas mis ganas con tus piernas. 

Sentiré que he vuelto a casa cuando me pierda entre tu pelo y, aunque jures que no me vas a perdonar por volver a dejarte, haré que se te olvide que todo es temporal.

Porque no hay amores eternos, ni destinos definitivos. 
Pero lo que se me queda dentro del pecho cuando te rozo... Ay, corazón. 
Eso sí que no se borra. 

Acércate, que creo que te puedo demostar que tengo razón.

Deja que te tatúe el alma, desde la piel.

domingo, 10 de julio de 2016

Dijiste que sí.

Siempre te miraba y, aunque de lejos, sabía que eras tú.

Me bastaron tres segundos para sentir que quería arrancar de tu mirada todo lo que la empañaba.

"Crearemos recuerdos nuevos. Recuerdos que te hagan sonreír y sean sólo tuyos y míos."

Y dijiste que sí. 

Te pedí que nunca dejaras de darme paz, de hacerme sentir que los problemas no existen cuando estoy a tu lado. 

Te convertiste en las siete notas del pentagrama de mi vida y sonaste a melodía en la flauta más dulce de todas.

Eras bemoles y sostenías mi vida.
Supiste ser música y destrozaste los silencios.

Ahora te recuerdo y me sabes a casa, a morriña, a verano fresco.

Ahora que me muero por ti, me mata el no verte.

Pero tú despiertas muy lejos de mí y yo prefiero pensar que estás cuidando mi mar, para verlo reflejado en tus ojos cuando vuelva y saber que todo sigue como siempre.