domingo, 7 de enero de 2018

Cuestión de acentos.

Me dices que sí, que Barcelona es bonita hasta cuando llueve. 

Y me vuelves a hacer trampas porque a mí, a tu lado, incluso el más feo de los callejones me parece un paraíso. 

Porque si veo tu nariz roja por el frío y tus ojos brillando por encima de la bufanda, ya siento que todo merece la pena. 

Y tú, que a tu paso vas cambiando los semáforos a verde, te sigues enfadando si te digo que mi acento favorito siempre será el de A Coruña. 

Como si el amor fuese una cuestión de acentos. 
Como si tu forma de decir mi nombre, no me bastara para olvidar los kilómetros que me separan de casa. 
Como si no quisiera quedarme para siempre, aunque te pongas de acuerdo con la vida para hacerme trampas.

jueves, 4 de enero de 2018


Llevo en la sien, grabada, tu advertencia: “Me estás obligando a quererte”.
Y no me olvido de ti, aunque pueda parecerlo.

Te busco en todas las caras que veo por primera vez y en todas las sonrisas que me regalan. 
Pero nunca te encuentro hasta que cierro los ojos. 

Y si me preguntan qué quiero, lo tengo claro: Quiero que vuelvas y veamos películas. Nuevas o repetidas.
Quiero hacerte cosquillas hasta que dejes de decir que no tienes.

Y quiero que te rías muy fuerte cuando te digo que me aterraría llegar a ser una de esas personas que nunca escuchan música... Y que me asegures que eso es imposible. 


Porque puede que a mí, por ser de mar, lo nuestro me tenga el mismo sentido que el concepto “puerto de montaña”... Pero, por esta vez, es todo el sentido que quiero buscarle.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Nada.

Llevo los bolsillos llenos de momentos de nuestro último viaje, por eso siempre camino con las manos dentro y el corazón de escudo.

¿Te acuerdas de aquella vez que encerramos nuestro primer verano en un bote, guardando en él un poquito de arena de la primera playa?
Nos importó una mierda el bronceado, porque nos hicimos arder mucho más que el sol.

Ahora es invierno y, cuando me aprieta en el pecho el echarte de menos, inclino la cabeza y sonrío porque en el cuello de mi abrigo se escondió, tímido, tu perfume.

Justo después del último abrazo y un segundo antes del penúltimo beso.
En ese instante que parece que no existe, porque buscamos la magia de tenernos más cerca.

Me pongo roja cada vez que recuerdo tus visitas al interior de mi alma y tus manos recorriendo con prisa la cintura de mis vaqueros.

Sin embargo, cuando me miran raro porque estoy feliz por nada, me muerdo la lengua y me aguanto las ganas de gritarles que mi "nada" más absoluta, eres tú.

Y que, aún sin tener nada, ya tengo todo lo que necesito.


lunes, 16 de octubre de 2017

Un naranja casi mágico.

Es difícil adivinar cuándo me echo de menos, si cada vez que te miro me encuentro en tus ojos y es como si nunca me hubiese perdido.

"¡Joder con el otoño!", dices mientras te subes las mangas y llenas de aire tus carrillos para resoplar muy fuerte.

Tienes razón, está haciendo demasiado calor para estar en octubre.
Es como si el verano (ese que te trajo hasta mis ganas de tenerte), no quisiera marcharse de tu lado.

No seré yo la que diga que no lo entiendo.

A mí siempre me ha gustado el otoño por el frío de última hora de la tarde, las hojas secas y el olor a castañas que inunda las calles.

Ahora, sin embargo, lo único que me gusta de las tardes es verlas morir en tu abrazo.
Ver cómo se pone el sol entre tu pelo y te tiñe las mejillas de un naranja casi mágico.

Que tu voz sea bálsamo para las heridas de mi ego.
Y poder encontrarte a la orilla de mi boca cuando el recuerdo de tu risa sea lo único que cure a mi mar, enfermo de tempestades.

¿Y que el otoño se resiste? ¡No importa!

Tú seguirás inventando mil locuras para cuando llegue el invierno y te entretendrás mirando cómo dibujo nuestras iniciales en todos los bolsos de lentejuelas que me encuentro cada vez que "tenemos que ir de compras".

Yo, por mi parte, prometo esperar al frío a tu lado y cantarte a Andrés Suárez con ese acento que dices que tenemos.

domingo, 24 de septiembre de 2017

¡Qué vicio tonto!

Cerramos los ojos un instante y se cuela por la ventana una música que a mí me suena a casa y a ti te resulta familiar.

Me propones que me quede a vivir en tus clavículas y te juro que jamás me había costado tanto decir que no.

Aseguras que una semana es mucho tiempo y se te rompen los labios en una especie de gesto de súplica.
¡Cómo odio que siempre tengas razón!

Qué rabia saber que volveré cuando el otoño ya haya jugado con las primeras hojas.
Qué manía tienen las estaciones de empezar a ponerse bonitas cuando estamos lejos...

¡Y qué vicio tonto estoy cogiendo, de tu piel!

A ver cómo nos libramos, después, de todo esto que dijimos que no sentiríamos.

Al tiempo, se lo explicas tú; lo de separarnos de vez en cuando, ya lo solucionaremos.

domingo, 10 de septiembre de 2017

La fachada intacta.

En realidad no tengo mucho que ofrecerte.


Mírame: Soy la fachada intacta de una casa en ruinas y una sonrisa amarga al fondo de una botella de ron barato.


Apenas consigo mantenerme en pie, pero te estoy pidiendo que te quedes. 

Que vengas conmigo, que huyamos de la tormenta y que le jodan al invierno que amenaza con dejarnos los sentidos empapados en tristeza.


A mí me sobra con tu calor y un par de películas malas, para enfrentarme a la vida.


Tu sonrisa me pilló por sorpresa al final del verano y me sacudió el alma, dejándome claro que no me volvería a olvidar de tu forma de caminar. 


A ti te gustó el reflejo de las luces de colores de mi habitación, en el brillo de mis ojos. 


A mí, que colocases tus auriculares dentro de mi capucha, dejándome fuera el flequillo y un beso balanceándose en el límite de los labios. 


Y aún sin entender nada, supimos en un segundo de qué iba todo esto. 



lunes, 4 de septiembre de 2017

Otro invierno como el de ayer.

Te conocí cerca del final del verano, una noche en la que que no había estrellas. 


Ahora, cuando miro por la ventanilla y contemplo cómo se muere otro día, te veo justo donde se esconde el sol y el cielo parece el inicio de una tormenta de arena.


Yo siempre te besé despacio, porque nunca tuve prisa por dejar de quererte.

Y tú me acariciabas el pelo con cuidado, dejando entre mis rizos tus deseos sin cumplir.


Sonreías a lo lejos y desaparecía el frío. 

Ese frío que me envuelve los huesos desde que no te tengo.


Me niego a vivir otro invierno como el de ayer.

Me niego a despertarme, cada día, en un hoy en el que no estás.


Quiero todas las noches de todos los finales de verano.

Y las quiero sin estrellas, por haberlas gastado pidiendo que regreses a mi lado. 


jueves, 24 de agosto de 2017

Te acabaste.

Te apasionaba la manera en la que me obsesionaba por las cosas, como si "se te fuera la vida en ese texto, o en acabar el autodefinido sin mirar las soluciones".


Y yo me obsesioné con tu sonrisa y con hacerte feliz.


Lo malo de eso es que, como a uno de mis textos, te puse punto final sin haberme dado cuenta.


Me entretuve demasiado en explicarte de forma bonita, me perdí en tus detalles y, sin querer, te acabaste.


Lo intenté, seguí haciéndote reír.

Pero fueron tan pocas las ganas, que ni tú te lo creíste.

Y te pareció una buena idea dejar nuestra historia en puntos suspensivos.


Como si algo que ya se acabó, pudiera dejar de acabarse sólo por no decir "adiós". 


Como si leer las soluciones antes, no tuviera nada que ver con que los pasatiempos sean retos. 


O como si no me doliera tener que aceptar que ya no te quiero en mi vida, aunque me siga matando de calor tu manía de pasearte por casa con poquita ropa cuando hace frío.

domingo, 20 de agosto de 2017

No quiero dejar de...

Tiene la cara más bonita de todas las que he visto hasta hoy.


Tendrías que ver su sonrisa de perfil, desafiando a todos esos rayos de sol que quieren brillar más... Pero no pueden. 


Tendrías que estar ahí para ver cómo se mueve y cómo se delatan sus ojos cuando se alegra por darle la espalda al destino. 


Me encanta la forma en la que me mira por las mañanas y cómo me riñe por apretar el tubo de pasta de dientes por el medio. 

Aunque sea el mío.


Su exceso de emoticonos en cada mensaje y su fingida cara de tristeza, cada vez que le niego un beso. 

Porque no me lo va a robar, "los besos no se roban, se ganan". 


Y me encanta la rapidez con la que sus manos se adaptaron a mi cuerpo, haciendo cada uno de sus rincones un poco menos mío. 


Supongo que eso es más parecido al amor, que los tratos de fidelidad que tuve hasta ahora. 


Y no quiero dejar de morirme en sus hoyuelos cada vez que nace un día nuevo al otro lado de sus caderas. 


Ni quiero dejar de reírme cuando explota en carcajadas y su cara se vuelve tan roja como la mía la primera vez que me miró. 


No quiero dejar de escuchar ninguna canción que me recuerde a su piel, ni dejarme algún poema en el tintero.


No quiero dejar de dejar de hacer cualquier cosa, si es a su lado. 

miércoles, 9 de agosto de 2017

Mira, te prometo algo.

Tengo un conflicto con tus labios... Y es que quiero escuchar todo lo que tienen para contarme, pero cada vez que se mueven me muero por besarlos. 

Y no puedo, simplemente no puedo dejar de pensar en la idea de callarte a mordiscos, marcando mis colmillos en tus comisuras y dejando que me hables con los ojos. 

Esos ojos tan llenos de ganas, que se escapan para quedarse en mi piel. 

Y me cuesta creer que esto se terminará, que se consumirán las ganas de hablarte dibujando con mi lengua la forma de tus dientes. 

Me niego a aceptar que se apagará mi ilusión por cada uno de tus besos, por cada una de las sonrisas que me regalas cuando te aprieto contra mi frente y me miras un ratito más. 

Mira, te prometo algo: No voy a dejar de besarte mientras tengamos labios, mientras te sobren ganas, mientras me reste aliento, mientras nos quede vida...

miércoles, 2 de agosto de 2017

Invierno, todo el año.

Me tumbé sobre la cama, cerré los ojos y, por un momento, me vino el recuerdo de aquellos inviernos.

Los nuestros. En los que tu perfume se mezclaba con el olor a manzana y canela que llegaba desde la cocina.

Pasábamos la tarde diciéndonos lo mucho que nos habíamos echado de menos y, detrás de unas cortinas más viejas y gordas que los cristales, veíamos llover desde el sofá. 

Solías reírte de mí cuando me enfadaba por perder una partida en mi antigua maquinita de Tetris y descubría la diversión al fondo de tus ojos grises cada vez que entonabas un "déjame a mí", con la esperanza de que algún día te la prestara.

Pero no... 

Tú volvías a tu película cutre hasta que desaparecían las arrugas de mi frente.
Después me besabas la barbilla y la clavícula y ya no quedaba ni rastro de mal humor.

(Y te la habría prestado todas y cada una de las veces que supiste ser mi tabla de salvación, aunque nunca te lo dije.)

Y es que así... ¡Joder! 
¿A quién le va a importar que sea invierno todo el año? 



martes, 25 de julio de 2017

Valiente.

Me hace gracia la forma en la que aseguras que soy valiente, como si realmente supieras lo que se me pasa por la cabeza cada vez que te miro a los ojos. 

Yo sólo tengo valor para tirarme al mar sin pensármelo dos veces, porque me hace sentir libre... 

Ojalá esa valentía para saltar al centro de tu pecho y acurrucarme entre tus brazos. 
Ojalá no pensármelo tanto, tanto, que al final no. 

Porque no creo que haya nada más bonito que verte bostezar cuando te vence el sueño, pero quieres acabar de ver la película porque me lo prometiste.

O quitarte las gafas porque se te empañaron cuando leíste ese capítulo de tu novela preferida por enésima vez y, casualmente, te entró una basurita en un ojo.
Y besarte los párpados para que no llores nunca más, si no es de alegría. 

Y brindar porque, de todos los locos que hay en el mundo, te encontré a ti. 
Con tus manías y tus cosas... Y esa locura tan parecida a la mía.

¿Valiente? 

Valiente sería si tuviese lo que hay que tener para contarte lo que siento y después me quedaran fuerzas para recoger los trocitos de corazón que perdí en el intento de dejar de quererte sin que tú te dieras cuenta.

lunes, 17 de julio de 2017

Con no querer quererte.

"Me gusta que tu alma y que tu libertad nunca se podrán comprar."


Menos mal que están las canciones para ayudarme contigo, porque si tuviera que hacerlo sola...


Si tuviera que hacerlo sola, te quedarías con las ganas de saber que tienes la sonrisa más bonita de todas las sonrisas imperfectas...

Que tu voz sabe despertar a mis ganas de querer, acariciando mis oídos con su tono.

Que es pánico lo que siento cuando te me acercas, porque no te buscaba pero apareciste.


Y me enfado conmigo, pero al verte se me pasa.


Y me quedo ahí, sonriendo, como si tuviera puta idea de lo que estoy haciendo.

Como si tuviera claro, en algún momento de mi torpe existencia, de qué coño va esto a lo que llamamos "vida". 


Como si me pudiera convencer de que, con no querer quererte, ya está todo solucionado.


lunes, 10 de julio de 2017

El Mediterráneo contigo.

Oye, que sí.

Que admitiré que me gusta el Mediterráneo, siempre que me lo pidas con una sonrisa de medio lado y el pelo despeinado por la sal. 

Que me encanta cómo te mueves entre las olas y la grima que te da la arena entre los dedos de las manos cuando aún están mojadas. 

Y no, no volveré a decir que el agua está caliente.
A partir de ahora, estará buena todas las veces que me dejes cantarte que "tu sonrisa es la más bella cara al mar".
Te lo cantaré mil veces, con acento de ría y adaptándolo a los dos únicos acordes que recuerdo, y te reirás.

Y aunque me muero por volver a una playa de esas que te dejan los labios morados y la piel de gallina, siento que encontré mi sitio entre calitas que no refrescan tanto, pero me alegran el alma cuando te brillan los ojos. 

Sí, admitiré que me gusta el Mediterráneo. 
Pero sólo el Mediterráneo contigo.

martes, 4 de julio de 2017

Ni se te ocurra.

Ni se te ocurra volver a dejarme sin ti. 

Ni se te ocurra. 

Aunque verte aparecer, cuando ya no te espero, sea lo único que me acelera el corazón y regala algo de color a mis mejillas. 

No vuelvas a hacer que crea que te he perdido. Que no se te pase por la cabeza un solo segundo. 

Huele a pólvora en la calle y a verano en tu sonrisa.

Huele a tardes de playa viendo morir el sol; a terrazas en medio de la nada, con vistas a las estrellas que se asoman al cielo de Barcelona; a juegos de cartas que acabarán perdidas entre nuestras carcajadas y a tu voz calmando las noches.

Tienes un verano que me pertenece, al fondo de la mirada.

Me lo debes, por todas esas veces que se me hizo invierno esperando que volvieras en medio de la noche.