sábado, 14 de enero de 2017

❤

Otro año más. Otro catorce. Otro día par.

Me sentaría en cualquier rincón, rendida, después de gritarle a una ciudad dormida lo mucho que te echo de menos.

Me conformaré con cerrar los ojos y, con la ilusión de una niña que busca formas en las nubes, sentir que estás aquí un rato más... 
Que has venido sólo para celebrar conmigo que podemos seguir juntas, a pesar de todo. 

Cerraré los ojos y estarás. 
Como siempre, pero más que nunca. 

Me faltas en cada paso que doy y en todos los eneros.
Eres el dolor que no se pasa, el vacío que no se llenará jamás, las lágrimas que no se pueden contener y los mejores recuerdos de mi vida. 

Y me siento afortunada de que se esfumen mis miedos, si miro al cielo y te veo brillar. 

Espero, algún día, poder ser la mujer de la que te sientas orgullosa y que, del fondo de mi mirada, asome todo el amor que me diste... Porque es mi mayor tesoro.

Felicidades.

"The wind beneath my wings."

miércoles, 11 de enero de 2017

¡Qué razón tenía Frida!

Si pudieras mirarte un sólo minuto desde mis ojos, entenderías muchas más cosas de esas que juras imposibles.

¡Qué razón tenía Frida! 

Y eso que ella no te conoció sonriendo cuando ponen tu canción preferida en el bar de siempre, ni cuando te preocupas y se te arruga la frente de ese modo tan adorable. 

A veces intento convencer al mundo para que apueste por mí, pero no quiere hacerme caso y acabo rogándole a la Luna.

"Va... Por todas las noches que pasé hablándote de su risa..."

Pero la Luna tampoco... 

Y yo sigo pensando que enero a tu lado no cuesta y que el frío no aprieta si están tus brazos rodeando mi cintura por detrás, me besas en la nuca hasta que se te rompen los labios y me pides que te ayude a quitar la sal de todas tus heridas. 

Si pudieras mirarte un sólo minuto desde mis ojos... Te harías contigo, como te haces con mi voluntad cuando pestañeas.


sábado, 7 de enero de 2017

Soy una pringada.

"Soy una pringada".

Lo pienso mientras perfilo su silueta, con las yemas de mis dedos, sobre mis sábanas. 

Mil veces juré que no me enamoraría, que mi corazón ya no estaba para perder el tiempo con esos juegos.

Las mismas mil veces que me di cuenta de que estaba volviendo a caer, mientras la piel me recordaba que la discreción es la estrategia para poder sentirnos debajo del mantel.

Soy una pringada. 

Una pringada alérgica a la vida sin sus labios, sin lo bonito de su cuello y sin sus dientes en las arrugas del mío. 

Y ahora que le dejé desvestir mis miedos, sólo temo que se me mueran de frío cuando se vaya... Y no me quede nada que me recuerde a sus canciones.

O a su forma de quitarme las vendas y su empeño por comprometerse, sin hacerlo.

O a su manía de dejarme sin voz, cada vez que aparece en el portal.

miércoles, 4 de enero de 2017

Me suena...

Me dice que "esto también puede ser casa cuando tú te decidas" y pierdo la cabeza a la segunda sonrisa.

Sabe que no me gusta tomar decisiones y, aún así, acomodo mis sentimientos entre sus brazos como puedo.
No quiero alejarme de su piel ni un instante. 

Engañamos al día con todas las noches que podemos desvelarnos y, despertando en sus ojeras, todo parece familiar. 

Me suena, esta vida.

Me suena... Como si siempre hubiese estado aquí, como si nunca probase otros besos, como si su acento fuese el único que escucharon mis oídos. 

Me suenan sus manos, sus labios y su voz susurrándome "cinco minutos más".

Me suenan las ganas que le tengo, la forma en que me mira y su cara cuando me quita las "gafas de leer" para que pueda interpretar mejor lo que me dicen sus lunares.

Supongo que ya es casa, sin haber tenido que decidir nada. 

lunes, 2 de enero de 2017

Primer día.

Yo no sé si el terciopelo de mi vestido combina con el color entre verde y azul con el que brillan tus ojos, pero no quiero saberlo.
No me importa, porque somos la combinación perfecta. 

Me has conocido con mi mejor cara y yo te reconocería en el local más lleno de la ciudad, por lejos que estuvieras.

Empieza un año nuevo y todos me cuentan el cuento del libro, las hojas en blanco y una historia por escribir.

Puede que esta vez tengan razón y, esa historia de la que hablan, sea la nuestra.

Puede que mi libro permanezca en blanco hasta que vuelva a verte.
Pero lo haré, un fin de semana de estos.

Y te veré así, de fin de semana en fin de semana,siempre por la noche...
Hasta que decidas que ya es suficiente, que ya me he colado entre los hilos de tu risa con las ganas con las que vuela un águila y me digas que te vienes. 

Que te vienes conmigo a despertarte un lunes cualquiera, muy temprano, en la otra punta del país y con esa sonrisa con la que me saludas cuando me ves, jugando al escondite con mis sentimientos.

Entonces escribiremos miles de historias, tendremos un "primer día" y fabricaremos recuerdos como para llenar la biblioteca de todos los enamorados. 

Porque puede que este año sea el año de los riesgos y tú seas el único que me apetece correr, aunque la vida me golpee fuerte cuando me digas que ya no se puede.

Y porque "ya", ya no es ya.
Pero, para ti, hace mucho tiempo que tengo guardado un "todavía".

En parte porque eres mi única ilusión y en parte porque no hay cerveza más fresca que la que me recuerda a tus tatuajes y a tu voz.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

El tiempo.

Me distraigo un segundo, mirándote sonreír mientras la luz se muere de celos al otro lado de la ventana.

Me hace gracia tu manía de quitarte el reloj al llegar.
Lo dejas sobre la mesilla y el segundero va marcando el ritmo de tu respiración, hasta que sugieres que acelerarla no es mala idea.

Empiezan a perderse tus suspiros en la curva de mi espalda y las ganas que tenía de encontrarte entre mis besos me recuerdan que mañana volvemos a madrugar.

Cierro los ojos y, dejando que descansen mis rodillas entre las tuyas, vuelvo a escucharlo.

Es el tiempo, otra vez. 
Recordándome que existe, marcándome el ritmo al que te quiero. 

Es el tiempo, otra vez. 
Un envidioso.

Tic... Tu pelo.

Tac... Tus manos.

Tú y tus gestos.

Yo. 

Tus labios. 

jueves, 15 de diciembre de 2016

Me supiste a poco.

Cerré los ojos, respiré profundamente y recordé tu mirada.


Huele a Navidad y pasado cuando te pienso y el frío de todos tus inviernos se pasea sin piedad entre mis huesos.


Un disco nuevo gira en algún rincón de la casa, donde descansan unos espejos que ya no quieren saber de mi reflejo sin el tuyo. 


Qué bonito era despertar con tu sonrisa y qué feo se siente al cumplir sueños, sin cumplir promesas. 


Cerré los ojos y respiré profundamente.


Te respiré cada vez que me gustaba cómo me mentías.

Y cada vez que me juraste que lo único eterno que existiría, serían las ganas que tenías de mis manos.


Te respiré en cada recuerdo, de cada minuto, de cada uno de mis días.


Y me supiste a poco. 


Como todos los años que llevo cumplidos sin tu beso de "felicidades".

Ese que me dabas justo donde se acaba la nuca y empieza a dominar la perdición. 

jueves, 1 de diciembre de 2016

Despacito, pero no.

Muérdele las costuras a la vida.

Muérdeme las ganas de quedarme entre tu dedos para siempre. 


Agarra al destino por el pelo y tira como si quisieras encenderlo.


Tira despacito, pero no.

Sonriendo de medio lado y sin dejar de pestañear. 


Marcando la piel, suavemente, con la fuerza de tus manos. 


Como sólo tú sabes hacerlo. 

Como solíamos ser, cuando nos costaba despegarnos. 


Todo en su justa medida...

Despacito, pero no. 


Como tu respiración sobre mi pecho y tus dientes encadenando las heridas de mis labios. 


Exigiéndome otro asalto. 

Otra tormenta, después de la calma.


Susurrándome mil estupideces para hacerme sonreír y perderte a la altura de mis caderas, donde siempre había un hueco para dejar morir tus jadeos.


Despacito, pero no. 


Y así, pero aquí y ahora.


Despacito, pero no.


Y siempre. 

domingo, 20 de noviembre de 2016

Es que, a tu edad...

He vuelto a hacerlo. 


La realidad amenaza con volver a mi vida y yo he vuelto a guardarte entre mi equipaje.


Sentimientos bien apretados, en menos de veinte kilos de maleta facturada a última hora.


Amor low cost.


Llueve al otro lado de la ventanilla y consigo ver tu rostro dibujado entre las gotas.


Me sigue haciendo gracia el gusto musical que tienes y me río sola, pensando en tu cara de enfado cuando sabes que estoy pensando "es que, a tu edad...".


También me gusta que me mires cuando no te veo y que el rojo de todas las puestas de sol del invierno se instale en tus mejillas cuando sabes que me doy cuenta. 


Quiero que me guiñes un ojo cuando nadie te vea y me cuides sin cuidarme.

Que me hagas caso cuando mi sonrisa te grita que no quiero tener que seguir echándote de menos.

Que te vengas conmigo a Barcelona en el primer vuelo de después de la resaca y miremos con desprecio a las nubes que nos llueven desde abajo. 


Las escalas ya las haré en tus caderas.


La luz, ya me la dará ese color tan raro que tienen tus ojos.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Reincidente.

Ya empieza a apretar el frío y, una vez más, me deja contra las cuerdas de las que cuelgan tus recuerdos. 

Siento cómo el peso de la ausencia de tus besos cae sobre mis párpados, acostumbrados a tus caricias, y los va cerrando.

Me declaro culpable. 

Culpable de quererte más de lo que pensé que se podía querer.
Culpable de echarte de menos a cada rato.
Culpable de mentir cuando me preguntan si existes.
Y culpable, también, de sentir la necesidad de renacer entre tus brazos cada día de mi vida.

Ya empieza a apretar el frío. 
Tanto o más que las ganas de verte.

Y, cuando me vuelva a cruzar con tus ojos, en eso de amarte no sólo seré culpable... Seré reincidente.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Es lo que es.

Quisiera querer desquererte, si eso se pudiera.


Desexistirías de mi existencia y se instalaría, en mi pecho, el vacío más absoluto. 


Donde miraba tus ojos, no quedaría ni la sombra de lo que fue tu mirada. 


Y llorarías. 


Y unas lágrimas saladas "con sabor a mermelada de ternura", te recordarían a las ganas de morirte en mis caderas que tenías cada noche. 


Quisiera querer desquererte y, aunque suena a un trabalenguas de esos que desatan tus labios a primera hora de la mañana, tus piernas siguen remoloneando alrededor de las mías pidiéndome que no me vaya. 


El amor es lo que es. 


El olvido... Está corto de verbos. 


martes, 25 de octubre de 2016

Un amor distinto.

Construyó el amor con sus propias manos. 

Un amor distinto, especial, que se escapaba de lo imaginable. 


Un amor para mí.


Lo dejó crecer entre sus dedos y, con mimo, me lo dio para que lo cuidase.


Se escondió entre los inviernos de mi alma y los hizo florecer desde la sombra, sin permiso. 


Fue calando hondo en mi pecho, poco a poco, hasta que dejé de imaginarme a mi corazón despertando por otra alegría que no fuera la de su llegada. 


Con mi nariz y mis manos heladas, descansando sobre su cadera.


Con tantas ganas de querer, como de ver morir noches entre sus brazos. 


Con lo que todavía somos, de lo que fuimos. 


Con todo lo que me juró que seríamos.


Y su pelo. 

domingo, 16 de octubre de 2016

Planetas.

Ya vinieron a verme mil tormentas, desde la última vez que dibujé planetas sobre tu espalda para buscar nuestro destino definitivo.

Ya cayó, sobre mis ojeras, el peso de cien inviernos. 

Ya llovió y la lluvia me habló largo y tendido de nuestras tardes perezosas de domingo.

A veces leo a Bécquer en voz baja, porque nadie sabe recitarlo como tú. 
Y no hay nadie mejor que él, que describa cómo dueles.

Si cierro los ojos, desfilas por mi memoria riéndote.

Riéndote de mí, por bailar antes de comer.
Riéndote de ti, porque tampoco sabías cocinar y acabaríamos pidiendo pizza aunque quisieras intentarlo.
Riéndote de la vida, porque se rendía ante tus caprichos.

¿Y quién no lo haría? Con esa carita...

"¿A dónde viajaremos hoy?", solías preguntarme.
Y yo te llevaba lo más lejos que podía, sin moverme de tu cama. 

Ahora sigo dibujando planetas en el aire y, aunque mis dedos se sientan huérfanos de tu piel, aprendí a viajarte de memoria cuando hace frío.

Yo echaré raíces donde prometimos que lo haríamos.

Tú, cuando necesites un anclaje, agárrate fuerte a mí. 

miércoles, 12 de octubre de 2016

"Por su seguridad..."

Siempre me hacen gracia las advertencias en las estaciones: "Por su seguridad, manténgase alejado de las vías".

Como si la raya amarilla que dibujan en el suelo pudiera protegerme.
Como si mi voluntad no se hubiese tumbado sobre los raíles, en el momento en que la vi aparecer.

Era ella.
La chica de las californianas perfectas, los labios carnosos, las gafas redondas polarizadas y el lazo rojo. 

La típica chica a la que le escriben mil textos de amor, pero casi ninguno sincero.
El tipo de chica a la que no vuelves a ver después de enamorarte de sus gestos, pero por la que darías la vuelta al mundo sólo para ver cómo se alegra. 

Era ella y estábamos tan cerca como lejos.
Viajaba conmigo, pero sin mí. 

Miraba por la ventana y sonreía de lado.
Miraba de nuevo hacia dentro y me encontraba en la otra punta del vagón.

A veces bostezaba, deteniendo mi mundo.

Parecía feliz.

Una canción de Silvio Rodriguez empezó a sonar, casi de la nada. 

"Ojalá que la luna pueda salir sin ti".

Y ojalá... Porque en invierno en Barcelona anochece muy temprano y yo no podría aguantar muchas noches sin hablar con la luna sobre lo genial que habría sido Sitges lloviendo, abrigada en su sonrisa. 

De momento, en la última parada de mi tren, mi esperanza se sigue riendo de la maldita raya amarilla.

Y, en lo que va de noche, todavía no he visto a la luna. 

"Por su seguridad, procure no enamorarse en cada estación".



lunes, 10 de octubre de 2016

El final de nada.

Suena una canción antigua, en una emisora que se busca sola, mientras conduzco de camino a casa.


Me cuelo entre la niebla, como me colé entre la alegría el día que decidiste sonreírme por primera vez. 


Soy consciente de que haces conmigo lo que el otoño hace con las hojas.


Tú, con esos ojos. 

Siendo mi estación favorita, sin saberlo.


Se enciende la farola del fondo de la calle cuando llego y recuerdo el susto que me diste el día que te encontré debajo, esperando a que llegara a casa. 


Muriéndote de frío, con la nariz congelada dentro de la capucha de mi sudadera preferida.

Esa que está tan descolorida y te queda tan grande y tan bien, cuando hace juego con esa sonrisa capaz de cambiar el mundo.


Suena una canción antigua, en una emisora que se busca sola.


Como me busco yo, cuando abro los ojos y no te encuentro.


Y a estas alturas ya no te prometo que esto sea el principio de algo... 

Pero te aseguro que no es el final de nada.