martes, 3 de febrero de 2015

Palabras encadenadas.

Me abraza el sofá y, sin querer ni poder evitarlo, me acuerdo de ti.

De cómo juraste, con una sonrisa, esperarme.

De cómo aguantaste miles de madrugadas mis idas y venidas.

De cómo estuviste, aún sin yo merecerlo.

Me acuerdo de la colección de botellas y copas vacías, cualquier sábado por la tarde, sobre la mesa del salón.

Me viene a la memoria el eco de tu risa mientras yo intentaba adivinar a quién imitabas.

Se te llenaba la boca diciendo que jamás te irías de mi lado y se te vaciaba el alma en cada "te quiero".

Nos sorprendía la noche jugando a "palabras encadenadas", sin saber que estábamos encadenando nuestras vidas.

Encadenando tus sueños a los míos, encadenando nuestra piel a los deseos del destino.

"Si algún día nos vamos de aquí, ten en cuenta que yo no sería feliz sin buen vino..." y dibujabas en tus labios la más tierna de las sonrisas, espantando todos mis temores.

Me abraza el sofá y, sin querer ni poder evitarlo, me acuerdo de ti...

Y brindo por nuestro recuerdo y por volverte a ver cosiendo esperanzas, con la delicadeza de tu voz, en el dobladillo de todos mis sueños.

domingo, 1 de febrero de 2015

Una mañana de otoño.

"¿Has amado alguna vez?" era su pregunta preferida.

"Estoy amando ahora...", la respuesta.

Fingía no entenderme y pestañeaba despacio, clavando sus pupilas en mi boca.

Aguantaba la respiración, si se acercaba, mientras mi corazón latía por libre olvidando que la vida lleva un ritmo.

Cruzó todas las fronteras de mi alma con una sola sonrisa y consiguió despertarme la piel con las yemas de sus dedos dibujando un corazón sobre la palma de mi mano.

Me hizo creer que vivir valía la pena y que había belleza más allá de las resacas y el humo que invadía mi salón.

Me calló como nunca nadie antes, sin apenas abrir la boca.

Se desmoronaron mis intenciones cuando se dibujó su figura en la ventana una mañana de otoño (de esas en las que el sol viene a saludar).

De manos frías y piernas calientes, acabó con mi mundo cuando el frío de sus manos invadió su mirada.

"¿Has amado alguna vez?" era su pregunta preferida.

"¿Siendo correspondida? No. Nunca.", lo último que mi voz susurró a su ego.

viernes, 30 de enero de 2015

Me faltas.

A veces me faltas.

Me valgo de tus manías para pensarte.

Regresas y me pides que te lo diga, con la mirada.
Me quieres sincera y sincera me tienes.

Me faltas. A veces.

A veces me faltas.

Me faltas alguna noche que me apetece reír y muchas mañanas de domingo.

Me faltas cuando me apetece un beso de los que acaban con los colmillos mordiéndole a la vida.

Me faltas cuando se escapa alguna promesa al viento y no están tus manos para atraparla.

Me faltas en el cine, por teléfono, por las tardes y a distancia.

Me faltas y no te busco.

Pero tampoco vivo, porque me faltas.

miércoles, 28 de enero de 2015

El beso más largo del mundo.

Surgió.

Apareció, entre todo y de la nada, con una inquietud capaz de alegrar a la misma tristeza y arrancó, a mis labios, la más sincera de las sonrisas.

Corrió.

Se acercó con la fuerza de unos ojos que brillaban más que el sol y una voz que invitaba a ser escuchada para siempre.

Me besó.

Fue el beso más largo del mundo.
Duró tres segundos.

Desapareció.

Todo.
A nuestro alrededor.
Por un instante.

Me enamoró.

Fue la historia irrepetible que repetiría todos los días de mi vida.

Sumó.

A mis días, la felicidad más absoluta.

Huyó.

Llevándose, con su juego y su misterio, lo poquito que quedaba de mi alma: mi ilusión.

lunes, 26 de enero de 2015

¡Salud!

Me sujetó la mano y besó con delicadeza cada una de sus imperfecciones.

Le regaló al viento mil piropos dirigidos a mis ojos y me hizo una promesa por cada pestaña "de esas que nunca se detienen".

Descansó en mi cintura seis inviernos, tres veranos y diez vidas y media.

Y lloró.

Lloró sobre mi espalda todo lo que nunca sonreímos, todo lo que nos quedó por vivir, todo lo que pensamos infinito y nos pilló haciendo las maletas para escapar del destino.

Fue una historia que aún recuerdo con los ojos anegados en llanto, una sonrisa robada del húmedo desván de la memoria y todos los brindis que nos quedaron pendientes.

Y, en una carcajada que quema mi garganta como el peor de los licores, aún ahogo el "¡Salud!" más sincero que pronuncié jamás.

domingo, 25 de enero de 2015

Dulce incertidumbre.

Porque tú, corazón, eres de extremos.

De uñas largas y pintadas o mordidas hasta la herida.

Eres de besar las cicatrices de mi cuerpo, abriendo brechas infinitas en mi alma.

Eres de dormirte en pantalón corto y calcetines gordos, amando a una mujer y despertarte sin ropa, debajo de mil mantas, suspirando por un hombre.

Vives quejándote de haber fallado y lamentándote por no poder equivocarte más a menudo.

Llevas la desesperación pegada a los talones cada vez que te vas y me juras, con los ojos empañados, que es lo mejor.

Y la alegría más inmensa cuando regresas, gritando al mundo que sin mí ya no eres.

Eres dulce incertidumbre, capaz de matar de amargura y placer.

Eres tan de extremos, corazón, que todo lo que me queda es enredarme en tu pelo y dormirme sintiendo tu perfume.

Aún sabiendo que puedo despertarme sintiéndome dueña de todo, pero segura de nada.

sábado, 24 de enero de 2015

Ese "casi".

Paseaba descalza sobre los cristales del entendimiento, queriendo deshacer el nudo de mi alma.
Tensando la cuerda que sostenía mis sentimientos.

Habías anudado mis esperanzas y, aunque casi ahogadas, seguían siendo casi libres.

Ese "casi" que marcaba la diferencia entre continuar con tu recuerdo entre mis días o despedirme de tus hoyuelos.

"Huyendo del frío, busqué en las rebajas de enero", cantaba Sabina.

Y busqué... Pero no hubo verdad que me llenase de mentiras como la tuya.

No hubo abrazos rotos capaces de recomponerme el alma.

No hubo otro amor que me matara de ganas de morir en él.

Aún me quedan fuerzas para aguantar otra lucha entre la cordura y tu voz.

Para otra madrugada de besos afónicos y susurros desesperados.

Tú sólo prométeme que no te llevarás tu olor muy lejos.

De equilibrar el desequilibrio que me provocas... De eso ya me encargo yo.

viernes, 23 de enero de 2015

¿Mariposas?

- ¿Tú también sientes las mariposas en la boca del estómago?

+ ¿Mariposas?

Esto no son mariposas.
Esto es un huracán.

Un huracán queriendo destrozarme de ganas de seguir sintiendo tus besos.

Es la boca del alma gritando tu nombre cuando te acercas, me tocas o te pienso.

Las mariposas serán las que sienten los demás.
Los que no te tienen a ti, derritiendo su corazón en cada gesto, en cada mirada.

Pero lo mío al saberte cierta, amor...

No es un cosquilleo, es remover el cuerpo entero.

No es una sonrisa boba, es una carcajada incesante de un amor que nunca duerme y se recrea en la memoria de tus ojos.

No es la felicidad que todos conocen, es el éxtasis en su más perfecto sentido.

Es morir de felicidad en cada latido y resucitar en el paraíso tras cada caricia.

¿Mariposas?

Joder... ¡No! ¡Esto no son mariposas!

jueves, 22 de enero de 2015

Era sosiego.

Llegó hasta mí con un corazón que lloraba, hecho añicos.

"Ayúdame a cicatrizar", me pidió.

Y en cada beso que di a las palmas de sus manos, me obligó a sostener una ilusión que me mataba de dulzura.

"Puede que mis heridas ya sólo las curen tus besos" dijo, haciendo más grande el hueco que mi alma había creado para abrigar todo lo que despertaba en mí con su sonrisa.

Supuse que el amor era eso que se me escapaba entre los dedos después de deshacer los nudos de su cabello frente al mar.

Sabiéndome protagonista de algo condenado a morir antes de nacer, me di cuenta de que su mirada era como mirar a la luna una noche de dudas.

Era sosiego.

Llegó hasta mí con un corazón que lloraba, hecho añicos.

Se fue de mi lado llevándose el mío.

Feliz de haber amado, destrozado por la ausencia de su risa cada mañana y consciente de que, al corazón dueño de unos labios sanadores, es imposible sanarlo.

sábado, 17 de enero de 2015

Me quemas.

Intento mantener dormida a la inspiración, evitando pensarte.

Te encuentro, de repente, en medio de miles de desconocidos.
Sonriendo. Al fondo de cualquier calle.

Cuando quiero darme cuenta, ya te escribí media canción en clave de echarte de menos y con acordes huérfanos de tus manos.

Eres esa piel que se deja interpretar en todos los idiomas, en cuanto se presenta tu sonrisa ante mis ojos.

Respiro... Y el aire, aunque distinto, me me acerca a la memoria tu perfume.
Te respiro y, sintiéndote, siento no sentirte aquí.

Me quema saber que volveré y los kilómetros dejarán de ser la excusa para nuestra distancia.

Me quemas.

Cierro los ojos, me imagino que me piensas y sonríes.

Y sonrío.

Mañana ya veré cómo hago para volver a escapar de tu recuerdo.

Para no querer cogerte de la mano y enseñarte los millones de rincones que descubrí.

Para no sentir esa necesidad de verte, de correr hacia el final de la calle y encontrarte entre la gente.

Y besarte una vez más mientras sonríes.

martes, 13 de enero de 2015

Escribe.

"Escribe.

Cada vez que sientas que lo necesitas, cada vez que algo te inspire, cada vez que tengas una buena idea o, simplemente, una sincera.

Hazlo.

Toma el primer trozo de papel que encuentres y escribe."

Y me senté a escribirle los más bellos versos.

Versos que contaban cómo, cuando pone su mano sobre la mía, siento su caricia más que ninguna otra.

Es como si mi piel hubiese vivido dormida hasta que llegaron sus dedos a despertarla suavemente, acercando su calma a los escombros de mi tormenta.

Contaban que su tacto en mi cintura me llenaba de ganas de sentir y mis ojos, arrojando una lágrima por cada alegría, encontraron refugio en su sonrisa.

"Escribe", me dijo.

Y, aunque su gesto era poesía, pude dedicarle algunos versos.

Bonitos... Como su ser.

domingo, 11 de enero de 2015

Se explicaba.

"Cuando te veo marchar me siento idiota. Idiota y cobarde.
No sé si me explico."

Y se rió, destrozándome las ganas de odiar al amor.

Se explicaba. ¡Claro que se explicaba!

No había nadie con una gracia tan natural y unos ojos tan brillantes.

Nadie capaz de castigarme con la ausencia de una sonrisa, de una mirada, de una palabra...

Rondaba los sentimientos ajenos como una gata callejera que se pasea con gallardía y confianza.

Se balanceaba entre mis ganas de besar, de abrazar, de sentir... Y dejándome con la miel en los labios, acercaba a mi memoria los recuerdos más bellos de su pelo al lado del mar.

Decía sentirse idiota cada vez que me iba y yo, incapaz de romper el silencio de mi alma, hice que una lágrima llegase al terciopelo de sus labios ahogando su sonrisa.

Cobarde yo, por no haber sabido acariciarle la voz con mis palabras.

viernes, 9 de enero de 2015

La memoria de la piel.

El eco de unos pasos que bailaban, al compás del golpear de una pulsera, llenaba de vida aquella calle vacía y oscura.

La sombra de su aliento, caliente, aparecía entre el frío de la noche y sus sonrisas.

"¡Imagínate un poquito de esto cada día!"

Parecía suficiente.

Un instante de complicidad, dibujando en las estrellas lo abstracto de la felicidad.

Pasaría el tiempo y todo seguiría intacto... Pues todo, en la dosis adecuada, puede durar para siempre.

Amanecía y el sol acercaba las dudas.

¿Es mejor un amor eterno a medias, o un amor sin medida con fecha de caducidad?

Puede que lo único "eterno" sean las ganas de eternizarlo pero... ¿Y si funciona?

Difícil fue intentar frenar el roce de los rabios.
Imposible, detener a la piel cuando unas manos eran, ya, parte de otra espalda.

¿Quién impide la fusión de dos corazones que quieren ser uno?
¿Cómo se mata la inmortalidad de un sentimiento?

"Si sale mal... Si sale mal, todo lo que hay que hacer es dejarse enamorar por otra historia y olvidar.
Y, aunque queden en el alma cicatrices con la forma de tus labios, apretando los párpados bien fuerte borraremos la memoria de la piel."

domingo, 4 de enero de 2015

Hablaba de almas.

"Estoy helada. Y no estoy hablando del frío del cuerpo."

De ser transparente, habló rompiendo en un blanco intenso el granate terciopelo de sus labios.

Hablaba de almas.

Ella siempre hablaba de almas.

De almas fusionadas, frías, inquietas, miedosas.

De encuentros de almas, más allá de las ganas y las barreras de la piel. 

Hablaba con esa sensibilidad que era melodía incapaz de ser interpretada, que era suavidad difícil de expresar en cualquier idioma.

Hablaba y transmitía el frío de su alma a medida que vibraban los hilos de su voz.

Hacía sentir con sus palabras, aún habiendo dejado de sentir años atrás.

Era hielo capaz de quemarlo todo.
Capaz de hacer arder.

"Estoy helada", decía.

Y, mientras el deshielo se adueñaba de mí, su mirada se tornaba cada vez más azul.

viernes, 2 de enero de 2015

Diseñados para ocultar.

Golpeaba el teclado del ordenador con seguridad.
Le gritaba a las letras, con las yemas de sus dedos.

Recordó, de repente, aquella primera noche.

"Pon tu mano aquí.

Es increíble que, con todo lo que está pasando ahora mismo dentro de mi estómago por el simple acercamiento de tu piel, tú no puedas notar prácticamente nada.

Quizá estamos diseñados para ocultar lo que sentimos.

Al menos, si queremos hacerlo."

Recordó el "esto no miente" que pronunció mientras acostaba su oreja sobre su pecho.

Ojalá pudiera haber sentido cómo ardían sus dedos al separarse del dobladillo de su camiseta de los Rolling.

Puede que tuviera razón y que estemos pensados para ocultar lo que sentimos.

Hizo estallar toda su rabia en una carcajada que acabó en llanto, cerró los ojos y recordó la fuerza de su mirada.

Presionó "borrar", varias veces y dejó morir una historia en brazos de la indiferencia.

Supuso que no todas las batallas las tiene que ganar el odio.