Paseaba descalza sobre los cristales del entendimiento, queriendo deshacer el nudo de mi alma.
Tensando la cuerda que sostenía mis sentimientos.
Habías anudado mis esperanzas y, aunque casi ahogadas, seguían siendo casi libres.
Ese "casi" que marcaba la diferencia entre continuar con tu recuerdo entre mis días o despedirme de tus hoyuelos.
"Huyendo del frío, busqué en las rebajas de enero", cantaba Sabina.
Y busqué... Pero no hubo verdad que me llenase de mentiras como la tuya.
No hubo abrazos rotos capaces de recomponerme el alma.
No hubo otro amor que me matara de ganas de morir en él.
Aún me quedan fuerzas para aguantar otra lucha entre la cordura y tu voz.
Para otra madrugada de besos afónicos y susurros desesperados.
Tú sólo prométeme que no te llevarás tu olor muy lejos.
De equilibrar el desequilibrio que me provocas... De eso ya me encargo yo.
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