Apretaste con fuerza tus maxilares y mordiste con ganas.
En medio de tus colmillos estaba mi corazón, desnudo de dudas y más relajado que nunca.
Me miraste a los ojos con el brillo de la victoria y mi boca respondió como supo... Mordiendo tus balas.
Las mismas que disparaste cuando bajé el escudo de mi pecho.
Esto es la guerra.
Porque te dejé entrar en mi coraza el puto día cero que me crucé con tu sonrisa y parece que no te quisiste enterar.
Esto funciona así:
Matar o morir.
Morir o matar.
Lo que haga falta.
Pero ya.
Que la luna no se queda esperando, cada noche, solo para vernos aullar.
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