Soy de “todo o nada” y tú ya me paseaste por tantos “un poco”, que solo me reconozco en mis excepciones.
Porque estás viviendo en mi ayer, hoy más que nunca.
Y yo ya no sé cómo explicarte que la suerte siempre es buena.
Que la mala soy yo, cuando no te digo lo que quieres saber porque no me gusta hablar de mí.
Que prefiero escribir mil textos que parece que no dicen nada, pero siempre hablan de ti.
Supongo que estoy haciendo demasiados excesos y poniendo parches a las ganas que te tengo, buscándote en otras pieles.
Y lo hago para que tus fuerzas no flaqueen, para no hacerte sentir culpable de romperme el corazón.
Pero no te preocupes, que tu respuesta es la única que no espero...
Porque sé que no llegará.
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