Metió en un bolso todo lo necesario y, en su corazón, un paquetito de recuerdos.
Decidió que lo mejor era marcharse de allí sin avisar, sin pedir el dichoso permiso que llevaba pautando su vida desde que tenía memoria.
Se fue cuando nadie lo notó, cuando sabía que no la echarían de menos.
Avisaría de que estaba bien, pero después de unos cuantos kilómetros.
Se marchaba en busca de una vida, de SU vida. Se sabía merecedora de la felicidad que gozaban otros y era el momento de salir y encontrarla en cualquier esquina.
Abrió el puño, cogió lo que pudo y se escapó.
Horas después, echando la mano al bolsillo, descubrió cinco duros y un botón entre las propinas.
"Olvídame, yo te recordaré."
No hay comentarios:
Publicar un comentario