sábado, 29 de diciembre de 2012

Adiós, 20.

En primer lugar, a ti, que estás perdiendo tiempo leyendo esto, GRACIAS. Espero no aburrirte y que puedas llegar al final.

(Ahora empiezo con la retahíla, y yo soy de hablar mucho eh! Pilla palomitas si eso).

Llegó el día de despedir los 20. Muchos dirán "menuda cría" y otros, muy a mi pesar, me verán mayor o incluso vieja.

Te preguntarás por qué me da por escribir esto hoy. Por qué los 20 y no más tarde, o antes.

Verás, cuando era pequeña solía pensar que a los 20 años sería una vieja, sin embargo, ahora pienso que me parezco más a esa niña que a la mujer que esa niña creía que sería.

Los 20 me parecen especiales. Es el límite (año arriba, año abajo) para empezar a coger algo de sentido, algo de cabeza. Empezar a crear mi propio futuro.

Siempre pensé que a los 20 se cerraba una etapa. Y sigo pensando que es así.
No estoy diciendo que mi vida vaya a cambiar de la noche a la mañana, pero a partir de ahora, cada vez será más complicada (o más fácil, quien sabe).

Pero no estoy escribiendo esto para decirte cómo creo que va a ser mi vida de hoy en adelante, si no para hablar (así, muy por encima) de mis primeros 20 años.

No son pocos los momentos que marcaron mi vida, ni las personas que lo hicieron.
Soy consciente de que soy como soy por todo lo que me pasó, lo que me enseñaron y lo que fui construyendo (con o sin ayuda).

Nunca seré capaz de agradecer todo lo que han hecho por mí, pues para agradecer lo más grande que hay, que es que te hagan la vida agradable, no hay palabras en este mundo.

Gracias a los que entraron a mi vida para quedarse, a los que entraron por casualidad, a los que me impuso la vida (que ahí se portó, la verdad), a los que se fueron y, a los que vais a venir, os espero con los brazos de par en par.
Me doy cuenta de que sólo puedo agradecer, y eso me gusta.
Puedes pensar que miento cuando digo esto, pero no guardo rencor a nadie, pasara lo que pasara, el tiempo también pasó y lo curó todo.

En estos años, muchas son las lecciones que me dio la vida, sin embargo, me quedo con que los buenos momentos pueden superar a los malos, con creces.

Siempre me pregunté si el destino me robaría la vida un día tan mágico como el día en que me la dio, sin embargo, aprendí que la magia de los días no viene determinada por una fecha, si no por los momentos y, a estas alturas, sólo puedo pedir a los próximos 20 años que sean igual de buenos que los 20 que hoy dejo atrás.

Son muchas las personas a las que echo de menos a diario, y a las que echaré de menos siempre, pero me alegro de tener a mi lado a los que tengo.

Si tú, que estás leyendo esto (eres un/a valiente por cierto, por llegar hasta aquí. Otra vez, gracias), me conoces un poco o leíste alguna vez mi blog (si no lo hiciste aún estás a tiempo) sabrás que termino todas las entradas, o la mayoría, con una frase de una canción. Supongo que sabrás o te imaginarás que para mí no existen los días sin música, ni sin sonrisas.  (Si no me conoces y estas leyendo esto, conóceme, ¡que yo quiero conocerte!).

Sólo se me ocurre una canción con la que terminar esto y, estoy segura de que podrías seguirla, pero prefiero que le pongas la música que más te guste y, si quieres, me la dices.

(A estas alturas ya acabarías las palomitas. Te recomendé algo salado porque de la pastelada ya me encargué yo jajaja).

De verdad, gracias por leerme pues, si llegaste hasta aquí, para mí ya eres importante.

Sólo me queda desearte un MUY FELIZ AÑO NUEVO. (Qué menos, si te tragaste todo esto).

¡Que sepas que eres un amor! Y, por eso, te mando miles de besos.

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