lunes, 10 de julio de 2017

El Mediterráneo contigo.

Oye, que sí.

Que admitiré que me gusta el Mediterráneo, siempre que me lo pidas con una sonrisa de medio lado y el pelo despeinado por la sal. 

Que me encanta cómo te mueves entre las olas y la grima que te da la arena entre los dedos de las manos cuando aún están mojadas. 

Y no, no volveré a decir que el agua está caliente.
A partir de ahora, estará buena todas las veces que me dejes cantarte que "tu sonrisa es la más bella cara al mar".
Te lo cantaré mil veces, con acento de ría y adaptándolo a los dos únicos acordes que recuerdo, y te reirás.

Y aunque me muero por volver a una playa de esas que te dejan los labios morados y la piel de gallina, siento que encontré mi sitio entre calitas que no refrescan tanto, pero me alegran el alma cuando te brillan los ojos. 

Sí, admitiré que me gusta el Mediterráneo. 
Pero sólo el Mediterráneo contigo.

martes, 4 de julio de 2017

Ni se te ocurra.

Ni se te ocurra volver a dejarme sin ti. 

Ni se te ocurra. 

Aunque verte aparecer, cuando ya no te espero, sea lo único que me acelera el corazón y regala algo de color a mis mejillas. 

No vuelvas a hacer que crea que te he perdido. Que no se te pase por la cabeza un solo segundo. 

Huele a pólvora en la calle y a verano en tu sonrisa.

Huele a tardes de playa viendo morir el sol; a terrazas en medio de la nada, con vistas a las estrellas que se asoman al cielo de Barcelona; a juegos de cartas que acabarán perdidas entre nuestras carcajadas y a tu voz calmando las noches.

Tienes un verano que me pertenece, al fondo de la mirada.

Me lo debes, por todas esas veces que se me hizo invierno esperando que volvieras en medio de la noche.

martes, 27 de junio de 2017

Por separado.

Por fin terminé el libro que había empezado antes de ti. 


Aquel que nunca continué, porque era demasiado triste para el "tú y yo" de aquella época.


Al final, resultó que no lo era tanto. 


Cerré los ojos y, casi de la nada, volvió a sonar Izal.

Como cuando me tumbaba al sol y me hacías caricias en la tripa.


Pero, ahora, sin cosquillas. 


Supongo que fuiste la primera vez que se rompió mi corazón, esa vez a la que llaman "la más dolorosa". 

Y la última... Porque nada se puede romper dos veces de la misma manera. 


Te lo agradezco. 


Te agradezco que ya no duelas, ni me roces la tripa, ni te cueles en mi terraza o en mis pensamientos. 


Te agradezco el final de esa historia, que no me partió el alma más que tu partida.


Y te agradezco, infinitas veces, que las canciones ya no me hablen de ti. 


Es lo único que necesitaba porque, al fin y al cabo, tú y yo siempre fuimos "tú y yo".


Por separado.


jueves, 22 de junio de 2017

Nacimos para vivir.

Me lees la mirada sin importarte nada más, como el que escucha la letra de las canciones para decidir si le gustan o no.


Olvidas mi ritmo y te centras en lo otro, dejándome abrazada a millones de dudas.


Supongo que a estas alturas ya he perdido la noción de qué es ir y qué volver.


Si tengo casa, no sé dónde está.

Me imagino que acabaré viviendo con mis sentimientos, que se escaparon del fondo de mi pecho para descansar, expuestos, sobre el tuyo.


Sueles decir que "no se trata de mirar con pena al tren que se va, es mucho mejor sonreír al que aparecerá rompiendo la oscuridad del túnel en cuestión de minutos... Nacimos para vivir y debemos dejar que se note, ¡joder!".


Y tienes razón. 

Y es muy graciosa la forma en la que dices "joder". 


Y lees al fondo de mis ojos la historia más bonita de todas. 

Esa que yo evito contarte.


Una página detrás de otra, sin llegar nunca al final.


Y muerdes, a veces. 

Y mueres, otras muchas, a la altura de mis caderas.


Y me matas, de paso que vas. 


De amor, de placer y de ganas de verte. 




miércoles, 14 de junio de 2017

Ni tú.

Cerré los ojos dos segundos y, cuando los abrí de nuevo, ahí estabas. 

Sonriendo como si toda la felicidad del mundo estuviese presa en tu boca y con la mirada llena de luz. 

Te acercaste y entendí que eras exactamente lo que la vida me había estado preparando todos estos años. 

Una paciencia infinita para mis tonterías, un grito de calma para mis locuras... Un nombre raro, para mi nombre raro.

Me encanta desorientarme en el mapa que es tu piel y dormirme mientras me acunan tu voz y tus carcajadas.

Y esa seguridad con la que haces las cosas mientras aseguras que "las cosas se hacen creyendo que van a salir bien, con la seguridad de la muerte... Que es tanta, que te regala toda una vida de ventaja.".

Esa seguridad que asusta, pero tranquiliza y engancha. 

Como tu sonrisa cuando se te suben las mejillas y se te achinan los ojos.
Y te lloran, de paso, porque el sol te ataca de frente y resulta ni tú puedes controlarlo todo.

Qué rápido se me está pasando junio.

(Y la vida, cuando estás.)


jueves, 8 de junio de 2017

Espejismo.

A veces me quedo colgada del brillo con el que me miran tus ojos y me da miedo decepcionarte. 

Tengo que decirte que estoy bastante lejos de ser lo que piensas. 

Soy un espejismo. 

Me encantaría poder prometerte que la vida, a mi lado, será una aventura. 
Jurarte que no discutiremos nunca y que no te enfadarás conmigo... 

Pero no puedo. 

Lo que sí puedo hacer, es contarte mis pequeñeces y que tú decidas si te quedas a dormir en mis pupilas.

No aguantaré sin hablarte (sin hablar, en general) más de media hora. 
Nunca. Bajo ningún concepto.

Te pediré una orden de acercamiento los días que estoy mimosa y te mandaré a la mierda cuando necesite estar sola. 

Canto sin parar y siempre, SIEMPRE, llevo unos auriculares conmigo (y una canción en la cabeza). 

Bailo cuando tengo hambre y veo comida.

Hago ruiditos raros si algo me gusta mucho (acompañados de palmaditas sonoras y rápidas). 

Suelo tener un libro a medias y siempre hago bromas con todo, por eso parezco poco seria y resulto irritante.

Tengo manías. 
Muchas e insoportables.

Y quiero que te quedes. 

Quiero que mañana despiertes a mi lado y quieras seguir sabiendo más de mí. 

Quiero demostrarte que soy espejismo, pero también sé ser oasis. 

Y que, dé o no resultado, haré todo lo posible para que sientas que mereció la pena haber arriesgado. 

domingo, 4 de junio de 2017

"Carrie".

Pasa el tren dejando toda la soledad de mi alma al descubierto y un olor a lluvia que me recuerda demasiado a la sensación que me dejaste al marcharte. 

Empieza a sonar "Carrie" en los auriculares bluetooth que me compré aún no sé bien para qué. 

Siempre te hizo mucha gracia mi obsesión por comprarme cosas que acabaría utilizando "un par de veces y punto". 

Te gustaba mi manía de tener los libros ordenados por altura y te daba demasiada rabia verme comer de pie, aún cuando no tenía prisa. 

Y jamás dejó de parecerte extraño que buscase la inspiración entre tu perfume y tu piel, aunque te juré mil veces que sólo ahí podía encontrarla.

Supiste ser agua los días de mucho calor y aprendiste a abrigarme la vida, cuando me olvidé de su valor.

Me quisiste.
Mucho y bien. Como nunca nadie lo había hecho antes.

Es por eso que me vienes a la cabeza cuando suenan esas canciones que todo el mundo conoce, pero de las que nadie recuerda los títulos. 

Y, aunque parezco complicada, a ti se te hizo fácil quererme y a mí me hacía feliz hacerte feliz.

He vuelto a perder el tren, se mueren los últimos acordes de "Carrie" y yo ya no sé si llueve fuera... O dentro de mí.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Pero nada, nada...

Miro el reloj. Vuelvo a llegar tarde.


Salgo de la estación, levanto la vista y te veo sonreír y menear la cabeza con resignación.


"Sí, sí. Ya sé... El tren se tiró un rato parado sin sentido para dejar pasar a otro, ¿no?", dices ahogando una carcajada. 


Me abrazas y besas mis excusas.


No puedo creer la suerte que tuve el día que te encontré, sudando agobio entre una multitud que parecía manifestarse en contra de la tranquilidad. 


Ahora sólo pretendo que tu voz sea lo único que suene cuando no sé qué canción me apetece escuchar. 

Cuando regresen los días de no saber a dónde pertenezco y me sienta dueña de un vacío tan grande como el miedo que tengo a perderte.


Ese miedo que me dice que no habrá nada (pero nada, nada...) más bonito que verte dormir, o bailar en ropa interior con los auriculares puestos y dando esos conciertos desafinados y afónicos de domingo por la mañana. 


El mismo miedo que desaparece cuando te miro a los ojos, suspiras y siento que el mundo merece la pena.

viernes, 26 de mayo de 2017

De mi pecho, tu casa.

Andrés Suárez lo ha vuelto a hacer. 

Saca disco y me arrastra hasta tu recuerdo en tres acordes. 

Pestañeo y, mientras una lágrima se desliza por mi mejilla, me viene a la memoria la imagen de tu risa. 

Mil veces te dejé ver mis cartas al fondo de mis ojos, para que pudieras ganarme la partida sin tener que esforzarte mucho.

Mil veces hice, de mi pecho, tu casa. 
Y te paseaste, con y sin ropa, entre los retales de aquello a lo que llamaba vida. 

Me encantaría reunir el coraje para "invitarte a cenar... O algo..." y que insistieras en la idea de que "algo" suena bien.

Que pudieras reírte con mis tonterías y me dejaras ver alguna de esas gilipolleces que yo sé que haces, cuando crees que nadie te ve. 

Quiero reunirme con todos tus defectos para decirles que no se vayan, que sólo ellos saben cómo hacerme mucho más feliz. 

Y quisiera, también, poder abrazarte por la espalda siempre que nos veamos.

Y besarte el cuello. 

Y decir que no, cuando nos pregunten si queremos postre, porque tenemos prisa por alargar la sobremesa en otro sitio. 

Quisiera tantas cosas sin sentido, que me dejo llevar por las canciones de Suárez (una vez más) y me creo que ya es mi colega.
Que él me acerca la idea y tú, por el simple hecho de existir, me regalas la inspiración más compleja.

Que sentimos lo mismo.

Y que, probablemente, el mundo está lleno de "tús" sin un puto defecto y de "yos" ahogados en inseguridades. 

miércoles, 17 de mayo de 2017

"Let's move..."

El día que nos tendría que separar, se colaba en forma de rayos de sol entre los huecos de la persiana. 

Me susurró "let's move to North Carolina" y esa frase, que hizo temblar las paredes de mi alma, no me sonó a locura. 

A mi alrededor, lo que quedaba de una vieja habitación de hotel (lo que dejamos...) me decía que podría funcionar. 
Que al universo no le cambia la vida si le falto yo, pero mi universo se tambalea si sus caderas desaparecen al fondo de la habitación. 

Sonrío y le digo que "no entiendo cómo existe alguien capaz de dejar de besar esta boca", con mis labios tan cerca de los suyos, que puedo acariciar su suspiro con mi paladar. 

Y sé que no me entiende, pero me da igual.

Y me imagino conviviendo con su perfección, a miles de kilómetros de aquí, mientras yo sigo siendo ese puto desastre que se carga el abrefácil de los paquetes de pasta y acaba por cerrarlos con una pinza de la ropa. 

Entonces suspiro y le digo que sí, que "yes", que "whatever you want", porque es eso lo que me grita el corazón. 

martes, 9 de mayo de 2017

Mira cómo me tienes...

Fuiste fugaz, como las estrellas de todas esas lluvias en las que siempre te pedí.

Estabas en medio de todo el mundo, en la cola de Zara y más pendiente de mi risa que de tu turno.

Ibas a "hacer una devo", lo dijo la cajera, y yo no podía no mirarte al sonreírme. 

Me di cuenta de que me había perdido algo importante cuando, fuera, te mordiste el labio al volvernos a cruzar.

No sé si te volveré a ver, si te acabas de mudar o si estabas de paso... 
Pero eras novedad entre lo de siempre, me hiciste sentir como nunca y, para haber sido sin ser, me marcaste como si supieras dónde hacer diana. 

Fuiste fugaz, pero brillabas más que los reflejos de tu pelo cuando les daba el sol, más que mis ojos al recordar tus dientes y más que los aros que bailaban en tus orejas al ritmo de mi respiración.

Mira cómo me tienes, ¡y no sé ni tu nombre! 

jueves, 20 de abril de 2017

Si yo fuera ella.

Sigo siendo el mismo desastre que conociste hace un tiempo. 

La misma que llega a casa, se tira en la cama con lo puesto y se despierta, después de haber perdido la tarde, con las marcas de las costuras de los vaqueros tatuadas en las piernas. 

Exactamente igual que cuando me dormí en el eco de tu risa y se me marcó el alma con el acento de tus carcajadas. 

(Porque sí, tú tienes acento incluso cuando te ríes.)

Sigo intentando querer a alguien que no dejo que me conozca del todo y me dejo la piel en los rincones en los que me cuesta no recordarte. 

No puedo evitar pensar que yo podría ser ella.

Y si eso ocurriese, si yo fuera ella... Te aseguro que no pasaría ni un sólo segundo sin pensar en cómo sorprenderte.

No dejaría que se empañara tu mirada por cosas que no merecen la pena, te abrazaría tan fuerte que te repararía las grietas del corazón y te besaría hasta que no supieras dónde acaba tu boca y dónde empieza la mía.

Si yo fuera ella... Si yo fuera ella, te haría feliz. 

Sin embargo, sigo siendo el mismo puto desastre que dejó pasar la oportunidad y se muere un poco cada vez que sabe que no sonríes. 



domingo, 16 de abril de 2017

Mi parte favorita de los vuelos.

Mi parte favorita de los vuelos es imaginar que estás a mi lado, sonriendo y apretando mi mano con fuerza, porque cogemos velocidad y no tienes claro hasta dónde vamos a llegar con esta historia. 


Hasta ahora, me han hecho regalos y me he buscado problemas. 

Me han partido la boca y me han arañado la espalda... 


Pero nunca me han mordido el alma con la fuerza con la que me atacan tus dientes. 


Puedes echarme la culpa de todo, si quieres, pero vuelve a sonreírme mientras te colocas el pelo y mi voluntad se precipita al vacío desde tus caderas. 


Aprietas tu nariz contra la mía, una vez más, mientras acaricias mi mentón con tus labios y me abrazas la barbilla con los colmillos.


No tardarás en darte cuenta de que te juré mil verdades y te hice reír con un par de mentiras piadosas y torpes, algunas mañanas de domingo en las que me preguntabas si tenías "tan mala cara".


No tardarás en darte cuenta de que soy lo que necesitas, aunque no te convenga. 


Y cogerás un vuelo, irás al lado de un asiento vacío y llorarás de alegría al comprobar que el despegue hacia mis brazos era lo que siempre habías querido.


miércoles, 12 de abril de 2017

De la forma en que llegaste.

Me giré un instante y, al volver la vista, ahí estabas.

Tu acento era lo único que destacaba y, de repente, tu risa hacía eco donde antes sólo podían oírse mis latidos.

Sonreías como nadie y hablabas con una gracias que parecía haberse hecho a tu medida. 

De la forma en que llegaste, te fuiste. 

"Supongo que nos volveremos a ver."

Yo no lo supongo, estoy segura...

Porque aún no me has visto con el pelo liso, ni sin humo y alcohol de por medio, ni en un día malo...

Algún día te encontraré en mi mañana y sabré que, desde ese momento, estarás en todos mis despertares. 

Y ya te sabrás mis caras de enfado, de concentración y de broma.
Y la forma en la que me coloco las gafas.
Y la cara que se me queda cuando lo que veo es sólo la mitad de lo que quiero.

Y levantaré una ceja, te lanzaré un guiño y un beso y sabrás que te sobra, al menos, una capa de ropa. 

Nos volveremos a ver. Te lo aseguro.

martes, 4 de abril de 2017

Desayunos.

Saltan las tostadas, suena el microondas y tú te asustas. 

No me canso de recordarte frente al balcón, con gesto de no entender por qué "la señora rara del otro lado del parque tiene dos cd's colgados de la ventana" y sonriendo para empezar bien el día. 

Tengo que echarte de menos, aunque no quiera. 

Los desayunos no son lo mismo si no miras con cara de asco mi bocadillo de mantequilla de cacahuete y mermelada de fresa. 
¡Encima de fresa! ¡Tu favorita!

"Tú y tu manía de hacer mezclas imposibles con la comida."

Puede que se esté acercando el verano y que, a partir de ahora, empiecen a reflejarse los amaneceres en la extraña decoración de la vecina... 
Pero yo no volveré a sentir que los días son completos hasta que vuelvas a pasearte de puntillas, para no hacer ruido, colándote entre las ganas que te tienen mis cinco sentidos de buena mañana. 

Y ya queda menos.

Cada vez menos... 

De ti, aquí.

Pero sigues doliendo.