viernes, 10 de mayo de 2013

Hay milllones de sensaciones, de paisajes y de momentos.

Cuando todavía brillan las estrellas que te acompañaron durante horas de camino a casa a la altura de tus hombros, el hecho de ver cómo el mundo se despierta bajo tus pies, es de las imágenes más bonitas que el destino nos puede regalar. Lo prometo.

Colores mezclándose en un horizonte menos lejano que nunca, en el punto intermedio entre los que están y los que se fueron.

Tonos fundiéndose en uno solo que abren las puertas de un nuevo día, uno más con el que la vida te grita "SIGUES AQUÍ, DISFRÚTALO".

domingo, 5 de mayo de 2013

Hoy es un día especial y yo (aunque soy más de escribir cuando me sale y no por ser una fecha señalada) quería aprovecharlo.

Probablemente no vaya a escribir aquí nada que nadie no haya dicho antes ¡y menos un domingo por la mañana! (Porque lo de poner el Día de la Madre un domingo lo hizo alguien con muchas ganas de discutir... Y, a mí, eso no hay quien me lo quite de la cabeza).

Que quiero a mi madre lo sabe todo el mundo. Sin embargo, peco de decirlo poco, de decírselo poco.
Ya se sabe que a lo largo de la vida, una regala "te quieros" al aire y, a quien de verdad se lo merece, no se le dice lo suficiente.

Esto no es bonito, no es original, no es pasteloso, no es empalague puro o amor en letras... No.
Esto es simple.
Simple, como el hecho de amar, de necesitar, de "qué sería de mí sin ella".
Sólo es un poco de lo mucho que siento y nada comparado con lo que tengo que agradecerle.

Decís que vuestra madre es la mejor. Yo sé que estáis equivocados. (Y lo siento por vosotros/as, pero esa suerte me tocó a mí).

"Aquí no importa nadie, nadie más que tú. Perdona si algún día no te lo hice ver."

viernes, 26 de abril de 2013

- Déjame contarte una historia que, estoy segura, te ayudará.
+ Está bien, pero... ¿Da miedo?
- Eso depende de lo que decidas hacer de hoy en adelante.

Y, así, empezó a narrarme una de las historias que más decisiones me ayudarían a tomar a lo largo de mi vida.

"Imagínate que yo entro en tu vida en plena adolescencia. Esa edad en la que tú empiezas a coger las riendas de tu vida, a tomar tus propias decisiones. Y, desde ese momento, empiezo a decidir por ti."

Yo no entendía nada, no tenía idea de lo que me quería decir, pero seguí escuchando sin interrumpir.

"Imagínate que la primera decisión que tienes que tomar es la de elegir instituto y, tras decir cuál prefieres, yo te digo que debes ir a otro. Al peor, al último en tu lista. Y tú, observadora de tu vida (cuyas riendas he tomado yo) lo haces, no tienes otra opción.
Acabas el instituto y decides estudiar leyes. Pero yo, que soy quién elige por ti, no estoy de acuerdo y quiero que te matricules en Medicina.
Obviamente, sin otra opción (de nuevo), lo haces. ¡Y terminas la carrera con el mejor promedio! Porque eres buena, aunque no te guste.
Pensando que te voy a dejar libre (pobre ilusa), quieres hacer lo que realmente te gusta y, ahora que me cumpliste los caprichos, dices que te matricularás en Derecho, que es lo que siempre quisiste hacer.
Pero yo decido que mejor no, que te pongas a trabajar de médico, que es justo lo que yo quiero para ti."

+ ¡Pero eso es injusto! - La interrumpí. -
Ella me sonrió y continuó su historia.

"Van pasando los años y sigues viviendo el futuro que yo elegí para ti.
En tu rostro, falsa felicidad y en tu trabajo, notable amargura.
Hasta que llega el día en que cometes un error que le cuesta la vida a alguien.
Es entonces cuando te vuelves hacia mí para reclamarme. Pero yo ya no estoy."

+ ¿Eso es todo?
- Sí. Con esto quiero que aprendas a tomar tus propias decisiones y a respetar las de los demás. Y quiero que me prometas que si alguien pretende dirigir tu vida le dirás que "no quieres ser la médico que arruinó vidas ajenas por querer ser abogada".
+ ¡Lo haré, te lo prometo!
- Pero quiero que también te des cuenta de que, si intentas manejar la vida de alguien, acabarás renunciando a la tuya propia y no estarás ahí cuando su vida fracase porque estarás demasiado ocupada intentando, sin éxito, pegar los pedazos de tu vida que fuiste sembrando en tu camino hacia lo ajeno.

Y, sin más, se despidió de mí con una caricia y desapareció dejando la paz que dejan los ángeles tras cada aparición.

"Vive tu vida y yo la mía, sin ti."

viernes, 22 de marzo de 2013

Volaban bajo los aviones.
Tan bajo que solían cerrar los ojos y, sobre el suelo, sentir la brisa acariciándoles la cara a su paso.
Solían creer que podían tocarlos con sólo levantar el brazo.

Y allí se quedaban durante horas. Abriendo los ojos cuando oían alejarse al avión y sonriéndose.
Hablando y jugueteando con los cuerpos relajados sobre la hierba, las sonrisas permanentes, las mentes volando cada vez más alto y las manos agarradas.

Sabían que, desde el día que decidieron que ese sería su pasatiempo favorito, ninguno de los momentos que habían pasado sobre la hierba había sido igual.
Ninguno.
Pero todos recogían los mismos sentimientos, los mismos deseos, el mismo amor.

Soñaban con, algún día, ver ese jardín vacío desde la ventanilla de un avión rumbo-a-ninguna-parte y, tarde o temprano, tenían claro que lo lograrían.

Mientras tanto, disfrutaban cada guiño que el destino les hacía y, a cambio, le devolvían una sonrisa de agradecimiento.

"Ante la inmensidad de un nuevo firmamento."

jueves, 21 de marzo de 2013

Mientras el café frío, amargo, oscuro, le dejaba sentirse en su garganta impregnándolo todo con su aroma, observaba lo que pasaba fuera.
Nevaba al otro lado del cristal y, acostumbrada a ello, la gente continuaba con su vida obviando el blanco manto que cubría las calles.

Si alguien estuviera frente a ella, por fuera, podría observar con qué dulzura le amargaba el café y con qué alegría se llenaban sus ojos de tristeza.

De repente, como si alguien estuviera allí, a la altura de un octavo piso, por fuera, su mirada se iluminó y su sonrisa apareció de nuevo.

No estaba allí, pero podía notar su fuerza, imaginar su cara diciéndole que sonriera, que merecía la pena luchar por ello, que no era ningún monstruo.
La cuidaba desde algún sitio y ella lo sabía.
Sería su ángel.

Abandonó la taza y decidió salir a derretir la nieve con el brillo de su sonrisa.
Tenía una vida que construír y nada podría matar sus ganas de continuar.

"Ella duerme tras el vendaval."

martes, 19 de marzo de 2013

Siempre había tenido presente que la vida no era tan fácil como se veía cuando se tienen 5 años.

Vivir es una aventura y el hecho de aceptarla con todo lo que traiga te convierte, quieras o no, en una persona valiente.

Sabía que "tener una vida" y "vivir" no eran sinónimos y si, por el hecho de vivir, tenía que renunciar a tener una vida, no estaba dispuesta a continuar.

Cuando pensaba en cómo había superado ciertas situaciones no lo recordaba.
No se consideraba una persona fuerte, sin embargo, en ciertas ocasiones lo había sido sin saberlo, sin darse cuenta, sin proponérselo.

No sabía qué era su vida. No sabía en que punto estaba y el futuro seguiría siendo una gran incógnita hasta que se convirtiera en pasado.
No tenía nada claro pero el deseo de tener una vida estaba con ella desde siempre y sólo había una forma de lograrlo: seguir viviendo.

"She's not backing down."

jueves, 7 de marzo de 2013

A veces, cuando tenía tiempo para pararse a pensar, solía desear no haberlo hecho.

En su cabeza siempre las mismas dudas, los mismos secretos, los mismos complejos.
En su corazón siempre los mismos sentimientos. Amor, soledad, pena.

Había derramado ya muchas lágrimas y, finalmente, se había podido acostumbrar a ese vaivén de emociones que, día tras día, sacudían su cuerpo dejando su mente agotada.

Daría cualquier cosa, cualquiera, por volver al pasado una vez más.
Una sola.

Estaba dispuesta a pasar por los mismos dolores, por los mismos rechazos y a sufrir una vez más la partida de cada una de las lágrimas que le demostraban lo lejos que estaba de la felicidad.

No le importaría volver a caminar descalza sobre el camino de espinas que ya había recorrido por poder volver a oír su voz fuera de una grabación.
Por volver a sentir uno de esos abrazos en los que le dedicaba todo su cariño. Por volver a ver una de esas sonrisas cargadas de amor, buenos deseos y sabiduría que, por muchos años, la había acompañado y, por muchos más, estaría cuidándola desde algún lugar.

Un recuerdo de unas manos de dedos largos y delgados que cuidaban todo lo que había a su alrededor. De unos ojos que dejaban ver, a través de las gafas, todo su amor en cada destello.

Cualquier cosa diera por volverla a ver, por volverla a sentir cerca, por sentir el amor más grande y desinteresado que jamás había conocido.
Podrían pasar años, pero nunca dejaría de quererla ni de admirarla.

"Yo te extrañaré."

lunes, 25 de febrero de 2013

Ese frío seco que corta la cara, que agrieta las manos y se mete dentro de tus huesos.
Ese frío que te congela los pulmones y paraliza tus músculos.
Ese frío que, sabiéndose vencedor, se apodera de ti en cuanto tiene la oportunidad.

Ese frío que deja la soledad que aparece tras tus besos.

"La soledad comienza".

martes, 19 de febrero de 2013

Puede que él piense que yo jamás haría algo así porque, la verdad, suelo ser bastante seca.
Pero, aún con eso, sabe que lo quiero.

A él le debo muchas de las cosas que forman parte de lo que soy. Mis ojos, la mayoría de mis rasgos, los dedos (que eso no se lo perdono) y partes de mi personalidad que no cambiaría por nada.

¿Sabéis algo? Es de las pocas personas que conozco capaces de sonreír con la mirada, aún cuando se enfada.

No estuve en su cumpleaños, ni estaré el día de los padres a su lado. Por eso siento que, de alguna manera, le debo este trocito de mis pensamientos.
Me gustaría que supiera que lo admiro, aunque su humildad no le permita entender el por qué.

Es optimismo, alegría,complicidad, confianza y protección.
Es mi padre y, a mi manera, tenía que demostrarle que le echo de menos y, aunque probablemente no se lo dijera nunca, le quiero.

lunes, 18 de febrero de 2013

A veces, uno siente la necesidad de llorar del mismo modo que se siente la necesidad de respirar cuando se cree perdiendo el aliento.

Una lágrima es demasiado pequeña para recoger tanto sentimiento, sin embargo lo consigue y, acumuladas, pueden crear la más grande de las angustias.

No necesariamente es un hecho, un momento o una canción lo que provoca esas ganas de llorar. En algunas ocasiones una persona necesita hacerlo "porque sí" y después, si lo consigue, se siente agotado pero aliviado, como si soltara un lastre que cargaba por años.

Una lágrima por alguien que no volverá, una por los que están lejos, una por amor, una por miedo, una de emoción, una de alegría, una de coraje... Pero todas llanto.

Las lágrimas limpian el alma y detrás de cada una hay una verdad que, de algún modo, está pidiendo que la dejen salir.

"Aparentar que hay mil guerras ganadas."

miércoles, 13 de febrero de 2013

"Quiero estar sola. Es lo que necesito."
Y, en su pecho, una punzada de razón le aceleraba los latidos.

Había pasado bastante tiempo desde la última vez que lo viera y, después de haberlo detestado en varias ocasiones, su pensamiento ya sólo podía provocarle indiferencia.

De corazón le deseaba lo mejor, por el gran cariño que le había tenido.
En alguna ocasión podría haber jurado que se trataba de amor, sin embargo, a estas alturas ya no estaba tan segura.

El destino había decidido que sus caminos debían separarse y, para bien o para mal, así sucedió.
Se dijeron adiós y comenzaron a caminar en direcciones opuestas a pesar de tenerse más presentes el uno al otro de lo que creían.

Fue complicado, al principio, pero el tiempo va pasando y no en vano precisamente.
Es el único bálsamo para las cicatrices del alma y, a día de hoy, el recuerdo de un enorme cariño era lo único que tenían en común.

Lo que habían vivido juntos era ya parte de su pasado y así seguiría siendo.

Ella no le guardaba ningún rencor, todo lo contrario, le agradecía por lo bueno y por la fortaleza que obtuvo de lo malo.
Sabía que sería inútil tratar de rescatarlo,  pues era consciente de que cualquiera como él era demasiado simple para entender una explicación detallada de lo que ella necesitaba y, contra eso, no había nada que pudiera hacer.

"Quiero estar sola. Es lo que necesito... Al menos hasta que alguien me vuelva a acariciar el corazón sin pedirme permiso."
Y, tranquila, sonrió.

"De pronto, una canción me lleva a ti."

martes, 5 de febrero de 2013

A pesar de que los días pasaban muy rápido, siempre había un momento que se hacía eterno.

Eran los minutos antes de emprender el viaje que, como cada noche, la llevaría al lugar donde la imaginación se libera y da rienda suelta a las más profundas pasiones representadas en los sueños.

Ese instante era el momento en que no tenía nada que hacer, nada que pensar y, ahí, en ese punto, era cuando más echaba de menos ese rostro que tardaría en volver a ver.

Era increíble la forma en que la imagen de esa sonrisa podía iluminarlo todo y la desesperación se percibía en su gesto, aún en la oscuridad, cuando, fruto de la distancia, no conseguía recordar su cara.

Seguía intentándolo, una y otra vez, hasta que lo lograba y, cuando lo conseguía, se instalaba en su pecho una sensación de paz que hacía brillar su mirada de alegría.

Era así, día tras día. Y seguiría siendo así hasta que volviese a casa y se encontrara, una vez más, con esa mirada que regalaba, en toda su expresión, esperanza.
Una esperanza que, creciendo a diario, se había convertido en su razón para vivir, en su motivo para levantarse cada mañana y en su única razón para sonreír.

Era injusta la forma en la que el destino había jugado sus cartas, pues se había dado cuenta de todo la primera noche que pasó a miles de kilómetros de casa, sin embargo, deseaba que la novedad de la experiencia que estaba viviendo y esas ganas de encontrarse de nuevo con toda su perfección, le hicieran más llevadero el tiempo que pasara lejos.

Recordaba, sonreía, se enfurecía, insistía en una idea, sonreía de nuevo.
Sentía.

"Todos los días tienen un minuto 
en que cierro los ojos y disfruto 
echándote de menos."

miércoles, 23 de enero de 2013

Era capaz de decirle todo lo que sentía con sólo una mirada. Sin embargo, sincerarse de vez en cuando le parecía justo, incluso necesario. Y así lo iba a hacer. (Porque ella siempre hacía lo que le daba la gana, lo que sentía).

- ¿Sabes algo?
+ ¿Qué?
- Siempre me dices que tengo una mirada muy sincera pero creo que es hora de que oigas de mi boca lo que mis ojos, callados, te dicen.
+ No es necesario, no seas idiota...
- Te vas a callar y me vas a escuchar.

Efectivamente, lo iba a hacer. Porque la quería, porque su voz era como un tranquilizante natural y porque ella siempre, siempre, conseguía centrar toda su atención.

- Creo que decirte que me imagino más mi vida sin mí que sin ti, es un buen comienzo.
Eso es la idea general de cómo me haces sentir, pero me gusta demasiado hablar y dar explicaciones como para dejarlo así.
Siento que, desde el momento en el que me crucé con tus ojos por primera vez, mi corazón no me volvió a pertenecer.
Me gusta que, aunque haya pasado el tiempo, me sigas cortando la respiración cada vez que te acercas. Todavía tiemblo como el primer día cada vez que me tocas, pero no quiero que me sueltes jamás.
Puedo sentir los fuegos del infierno en lo más profundo de mi ser cada vez que tus labios se acercan a los míos.
Te agradezco que, desde el principio, me permitieses soñar contigo y que, poco después, convirtieses mi sueño en la realidad más perfecta que jamás soñe vivir.
Te quiero y no quiero que te vayas nunca.
Te quiero y quería decírtelo, además de con mis ojos, con mi voz y con mi corazón.
Te quiero y quiero cantártelo.
Te quiero y se lo quiero gritar al mundo para que sienta envidia.

Y, ante la desnudez de un corazón que solía protegerse de todo sentimiento para no salir mal parado, le juró que jamás la dejaría, que la amaba más que a su propia vida y que no podía hacer otra cosa que no fuera corresponder con todo su amor y agradecer que le hubiera enseñado a querer con esa intensidad que, de proponérselo, podría hacer girar al mundo.

"Aquí me tienes, nadie me va a parar."

miércoles, 9 de enero de 2013

Días de ver amanecer en el retrovisor de un coche con los cristales empañados.
Poco espacio, dos rodillas que chocan, un escalofrío que desata la magia y, de repente, mucho calor, mucho deseo y tus labios confundiéndose con los míos.

Esa es la imagen que quiero guardar de ti para siempre. Porque hay cosas que uno ama sin conocer, gente a la que se quiere antes de haberle visto la cara y sentimientos que sólo se sabe que existen cuando tratas de ponerle un nombre y no puedes porque nunca antes habías sentido algo similar.

"Pero nada decía la prensa de hoy de esta sucia pasión."

martes, 8 de enero de 2013

Estaba acelerada y, entre lágrimas, hablaba sin control, sin pensar, sin detenerse ni respirar.
Eufórica, insegura y muerta de miedo. Miedo a perder a lo que más quería.

"Yo te prometo que, si estuvieras triste, bajaría las estrellas una a una y dibujaría con ellas una sonrisa entre tus sábanas.
Te prometo que de tus ojos no brotará una sola lágrima que no sea de felicidad.
Te prometo que estaré contigo siempre, siempre, intentando hacerte la vida fácil.
Y te lo prometo porque te quiero, porque estoy dispuesta a contar los granos de arena de todos los desiertos por ti. Porque escribiría sobre tu imagen los más bellos versos jamás pensados, porque podría conseguir que fuésemos inmortales si tú me lo pides.
Porque no sólo te quiero por un rato, porque una vida me parece poco tiempo si es para vivirla junto a ti, porque..."
Y la calló con un beso.

Una vez más el amanecer había entrado sin permiso por la ventana y  adorando su dormido nerviosismo sonreía dándose cuenta de la suerte que tenía al haberla encontrado.

"De tu voz tiritando en la cinta del contestador."