Siempre pensé que aquello que no tiene nombre, es lo más doloroso.
Como la muerte de un hijo, o despedirse de algo que nunca tuviste.
Después me encontré con su sonrisa.
Que hoy me mata, pero ya me dio vida.
Y tiene nombre...
¡Vaya si lo tiene!
De hecho, existen mil versiones de su puto nombre, cada una con su canción correspondiente.
Y yo no puedo dejar de escucharlas, porque algo me dice que se escribieron para alimentarme el alma.
Pero eso que duele más que cualquier otra cosa...
Resulta que sí tiene nombre (y es precioso).
Resulta que sí tiene nombre (y es precioso).
Así que, una vez más, destrozó todas mis teorías.
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