Siempre que me pregunten qué me llevaría a una isla desierta, desde ahora, sólo me vendrá a la mente el eco de tu risa en el hueco de mi espalda.
Supongo que porque eres todo lo que necesito para vivir.
Eres isla en invierno, para pasear por la playa en sudadera cuando cae la noche.
Eres marea sanadora, llevándote lo que duele entre las olas que forman tus rizos.
Tú, con tu exagerada timidez y tu sonrisa.
Y con tus pestañas, que parecen abanicos.
¡Joder! Así no se puede...
Creo que no me llevaría nada a ningún lugar, porque tú eres mi isla favorita.
La única orilla en la que me quiero dormir.
El único sol que broncea y no quema.
Y calienta el alma.
No estás y te echo de menos.
Cierro los ojos y te veo.
Y creo que te quiero.
Y que te todo.
Y aún no te conozco bien.
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