Te quiero como creen que se quieren los adolescentes que se dan besos clandestinos, escondidos en caminos poco transitados, cuando llega abril.
Te leo las intenciones y no puedo evitar ruborizarme al verte sonreír mientras me miras.
Llegaste para descubrirme que ya no hay sitio para mis lágrimas, en tu consuelo.
Te quiero, como quiero quedarme a vivir en el instante en el que suena “O son do ar” muy lejos de casa.
Te quiero porque eres, en mi vida, himno y bandera.
Y, aunque adoro los otoños, sólo tú puedes ser mi primavera.
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