Avanzar en la oscuridad de la noche, a toda velocidad, viendo como la luz de una luna, más llena que nunca, se cuela entre los árboles dibujando sombras extrañas en la carretera.
Música, penumbra, el viento despeinando la melena a medida que entra por la ventanilla y, de repente, libertad.
Pensar, en la soledad del momento, en detener el tiempo para disfrutar de ese pequeño placer.
Sonreír al recordarlo y saber que se repetirá todas las veces que sea necesario y necesites sentir como la libertad te invade.
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