viernes, 18 de febrero de 2011
Ilusión
Una música que no se parece en nada a la que él acostumbra a escuchar. A ella sí le suena. Es de uno de sus grupos predilectos.
"Ella es la novedad... Tú eres la de verdad, contigo haría mi viaje hasta el más allá" Eso dice la canción... Ella la conoce, de hecho es una de sus favoritas... Él... la detesta! Es irónico que la esté poniendo...
Va mucho más lejos... Agarra un micro y la canta sin importarle que el ahora sorprendido público se de cuenta de que su mejor cualidad no es la voz...
Ella, de espaldas a él, camina hacia la puerta con las lágrimas en los ojos, completamente ajena a las miradas de los curiosos clientes del bar y convencida de que irse será la mejor opción.
De repente se olvida por un instante de donde está y sólo tiene la agobiante sensación de que está en un oscuro lugar y necesita la salida para liberarse.
De la nada aparece una mano que la agarra suavemente interrumpiendo su triste evasión. Se voltea, casi por obligación, y los ve. Unos marrones ojos la miran fijamente suplicándole que no lo haga, que no se vaya.
Llega a considerar la opción de quedarse pero en seguida aparta esa idea de la cabeza "Si lo ha hecho una vez, podría repetirse".
Vuelve la mano, esta vez un poco más agresiva. Y vuelven... Vuelven esos ojos que una vez, ilusionados, le hicieron dejarlo todo.
Esta vez no es ilusión lo que ve en ellos, una vez más muestran ver lo que realmente hay dentro de él... Dolor, tristeza pero sobretodo, arrepentimiento...
Ella no puede resistirlos, sabe que le ganarán todas las batallas hasta lograr la victoria en la guerra.
Lo acepta y se resigna. Le deja ver que le perdona, pero de repente su rostro adquiere un tono de dureza advirtiendo que esta será la última vez.
Ojos alegres, sonrisa, abrazo, gratitud, complicidad, sollozos, aplausos, emociones concentradas, alegría, éxtasis y un beso. Uno más, pero no uno cualquiera... Era el beso.
Y la música se ahoga entre aplausos dando por terminada la canción... "Ya sabes que yo soy un criminal..."
jueves, 10 de febrero de 2011
Sólo me puedes descubrir si me ves soñar...
Eso forma parte de mi rutina diaria... Es quizás la peor parte de todos mis días y me ocupa el pensamiento de la mañana a la noche.
Y verte, y comprobar que mis temores son ciertos, que te soy indiferente...
De nuevo esa sensación, esa horrible sensación que empiezo a notar a la altura de la garganta y sigue extendiéndose hasta mis pies...
La sensación de que ardo por dentro, de hecho puedo notar como mi temperatura corporal aumenta sin que yo pueda hacer nada por evitarlo...
Ardo de rabia, de ira, de rencor... Es venganza lo que necesito para quitarme todo lo malo que llevo dentro...
Es venganza lo que busco pero no es lo que en realidad quiero. Yo no soy así...
Transcurre el día e intento que sea lo mejor posible para no agobiar a la gente que me rodea y me quiere.
A veces, en momentos, consigo alejar tu imagen de la cabeza por unos minutos, pero vuelve, siempre vuelve, siempre vuelves... Y concentras de nuevo toda mi atención...
Cuando llega la noche es cuando, con rabia, descubro lo que realmente siento. Es, únicamente en sueños, cuando logro soltarme y mostrar todo lo que a lo largo del día disfrazo para mis adentros y es ahí cuando me doy cuenta...
Ahí es cuando la ira, la rabia y el rencor, esa sed de venganza que intento obligarme a tener y todo lo malo que se me pasa por la cabeza a lo largo del día se desvanece.
Y ahora sí, de nuevo esa sensación, la sensación de de siempre... La sensación de que me quemo por dentro...
Pero es en mis sueños cuando, liberando mi mente, me doy cuenta de que ardo, pero en deseos de poder volver a barazarte y sentirte cerca, y que me animes como antes lo hacías...
Pero sobretodo que me quieras, pero no como antes, sino como nunca!
miércoles, 12 de enero de 2011
Y con poco más que decir...
En estos momentos es cuando agradezco mi espíritu cotilla y mi afán por conocer todo lo que me rodea.
La sensación que sentí en ese momento es indescriptible, simplemente un escalofrío me recorrió de pies a cabeza y apenas conseguía moverme.
Me quedé mirando fijamente tus ojos que años atrás me habían aportado tanto y habían sido mi razón de ser. Al mismo tiempo que sentía un hormigueo en el estómago sentía un intenso temor a que mi mirada no fuese correspondida (que probablemente sería lo que sucediese).
Una vez más y para no variar, me equivocaba, tu mirada se mantenía y tus marrones ojos miraban fijamente a los míos impidiéndome casi respirar.
En ese momento fue cuando me di cuenta que todo lo que había a mi alrededor había desaparecido y sólo quedabas tú, ahí, mirándome y con la misma cara de felicidad con la que lo hacías hace ya mucho tiempo.
Millones de recuerdos se pasaron por mi cabeza en ese intervalo de 10 segundos en el que te aproximabas a mí (en ese momento cuerpo inmóvil en medio del parque).
No hizo falta más que una distancia corta para que todos los músculos de mi cuerpo reaccionaran y se pusiesen de acuerdo para moverse a la vez mientras mis brazos rodeaban tu cuello, mis piernas temblaban, mis labios te besaban con toda la intensidad posible y mi corazón latía como nunca antes lo había hecho.
Sentí en ese beso que todo lo malo que hasta el momento me había ocurrido estaba siendo compensado y que todo el sufrimiento que había pasado había sido el camino que me condujo a mi recompensa.
Fui feliz por un instante y ese instante marcará mi vida para siempre.
Desde ese día no he vuelto a ser la misma porque desde ese día te tengo a mi lado, sé que puedo contar contigo para todo y que me sacarás una sonrisa en el momento más triste.
Me gustaría poder acabar esta historia con un nombre y un "Te quiero" pero lamentablemente el pasado nunca vuelve y esta historia es tan mágica e irreal como el mundo en el que habitan las hadas y los unicornios.
:D
sábado, 8 de enero de 2011
:)
- Dime!
· Es que no sé si puedo.
- Acaso no confías en mí?
· Sabes que sí!
- Pues entonces no le des más vueltas, dime lo que me tengas que decir.
· Es que necesito estar realmente segura de algo...
- Tú? Si no hay persona más segura que tú!
· Pero hay algo que me hace dudar.
- Qué te hace dudar?
· Tu actitud...
- Entonces no confías en mí...
· No es tu confianza lo que me hace dudar, es tu sentimiento...
- Cúal sentimiento?
· Mejor déjalo...
- Por qué?
· Porque realmente no sabes de lo que te hablo, yo pensé que sí pero tú no me entiendes...
- Explícame!
· Si sintieses lo mismo no haría falta... Déjalo si? No hay problema!
- Seguro?
· Claro...
...
- Espera...
· ?
- Te quiero!
· Pues no lo hagas!
- Por qué?
· Porque no!
- No era eso de lo que me hablabas?
· No, no quiero que seas pesimista!
- No entiendo nada...
· Me quieres?
- Sí, te lo acabo de decir...
· Pues no lo hagas porque me tienes!
:)
viernes, 7 de mayo de 2010
Toda historia tiene un comienzo.
Las cosas pasan por algo o, al menos, eso dicen.
Recuerdo que el día que te conocí caían cuatro gotas suficientes, por otro lado, para despeinar tu negro cabello.
Tus verdes ojos destacaban en una cara pálida de rasgos marcados y pómulos fácilmente adivinables.
Tu sonrisa... Tu sonrisa era simplemente perfecta, poder contemplarla era como evadirse del mundo y entrar en un plano irreal donde todo era inmejorable. Tus blancos y grandes dientes lucían entre unos labios carnosos de un color rojo intenso semejante al de una fresa.
Paseabas sólo por una de las calles más oscuras de la ciudad. Cuando te vi me quedé mirando fijamente tus ojos y pensé qué harías por allí sin compañía. Un segundo más tarde me enamoré, creo que fue en el momento en el que sonreíste.
Nos encontramos un día, y otro, y otro y siempre en el mismo lugar y a la misma hora.
Creo que mis sentimientos hacia ti iban aumentando a medida que pasaban los días y sin conocerte de nada sentía a diario la necesidad de pasar por esa calle a esa hora sólo para verte y saber que estabas bien.
Un vendaje en tu mano fue la excusa que necesité para entablar conversación, no lo tenía claro, pues, en el fondo, no te conocía de nada y me podrías tomar por loca tras preguntarte. Aún así lo hice y a partir de ese día, esa oscura calle se convirtió en mi preferida.
Dos semanas esperé hasta que te decidiste a besarme y tras ese beso creo que nada volvió a ser igual. Todo se tornó para mí en un mundo lleno de posibilidades donde las cosas inalcazables habían dejado de serlo, y donde, de lo negativo, sabía sacar siempre la parte positiva.
Nunca, hasta que paseamos juntos, me había dado cuenta de que tú no eras el único que paseaba sólo por aquella calle, yo también lo hacía y no me daba cuenta, sabes por qué? Porque antes de conocerte mi vida era vacía y actuaba por inercia cumpliendo una rutina que me llevaba allí todos los días y, tras conocerte, me acompañabas en todo momento.
Gracias por todos esos momentos inolvidables que vivimos tras ese increíble otoño en el que nuestras vidas estuvieron unidas para siempre.
Te quiero.